viernes, 29 de julio de 2016

ARGENTINA: LA GRAN MENTIRA OFICIAL Y LA COMPLICIDAD DE SU PUEBLO. 

"El peronismo
nace asistido por la razón y como remedio a flagrantes
errores e injusticias. Pero no tarda en ser devorado por la
fuerza negativa de ese oscuro resentimiento. Ansioso de
irracionalidad, Perón (quiso) renegar del proyecto
(civilizador) argentino, sustituyéndolo con un plan que
fomentaba todo lo contrario. Nada de Europa, por
supuesto. ¿Para qué Europa? Nosotros somos
americanos, y en cierto modo, indios. Restablezcamos
hasta donde sea posible la fisonomía de las culturas
anteriores al advenimiento y triunfo de la cultura
española, greca-latina, europea, (rechacemos) -como cosa
maléfica- la memoria de quienes con sus actos y con sus
escritos trazaron memorablemente (ese gran proyecto)
que llenó a la Argentina de ferrocarriles, de puertos, de
caminos, de fábricas; que hizo de la Argentina uno de los
graneros del mundo y una de las naciones con mayor
stock ganadero; que convirtió a la Argentina en algo así
como un nuevo Eldorado y en el refugio por excelencia
de los menesterosos y perseguidos de Europa; todo por
obra de Rivadavia, Sarmiento, Mitre, Alberdi y otros
grandes, hoy execrados (mientras se), pone en los
cuernos de la luna a personajes de la catadura de Rosas y
Facundo Quiroga... Por este camino hemos asistido a
hechos como el protagonizado recientemente por un
gobernador (provincial) peronista que ha llegado a decir:
“En esta provincia no se volverá a nombrar a traidores
tales como Rivadavia, Sarmiento y Mitre. Después de
esto, buenas noches”…
El éxito de Perón en retrotraer Argentina al
oscurantismo “autóctono” está a la vista. Tras arruinar
política y económicamente al país en una década de
gobierno, pasó sus diecisiete años de exilio ocupado
diligentemente en impedir que la Argentina se recuperase
de aquel primer ciclo peronista, y logró hacerla
literalmente ingobernable, aun para él mismo, a pesar de
haber recibido a su regreso un poder virtualmente
monárquico. Y para coronar su “obra”, Perón, sabiéndose
enfermo, infligió a la Argentina la indignidad suprema de
designar herederos a la pareja que formaban su esposa,
ex-cabaretera, y su “secretario privado”, un personaje
equívoco, ex-sargento de policía, sedicente astrólogo,
autor de un libro que consiste íntegramente de sus
supuestas conversaciones con el arcángel Gabriel".

Del libro: "Del buen salvaje al buen revolucionario"  de Carlos Rangel.



viernes, 25 de marzo de 2016

El autor de “El Principito” en Argentina



Juan Yáñez

                                “El Principito”, la obra que escribiera Antoine de Saint-Exupéry se ha convertido con el transcurrir de los años en un “best seller” de proporciones jamás logradas en todos los tiempos. La cifra de 140 millones de copias impresas desde su publicación en 1943, no deja de sorprender y nos lleva a confirmar que lo bueno perdura, se trate de literatura o las demás actividades humanas. En apariencia  se trata de un libro para niños, que trata temas inherentes a la infancia, esa etapa de la vida    donde nos nutrimos de las virtudes primarias donde el amor, la amistad, la camaradería, la franqueza, la lealtad, tienen toda la capacidad para hacernos disfrutar, vivir con ilusión e inocencia y aprender de la naturaleza de la vida. Fundamentalmente es  una crítica al hombre y a la civilización,  que se orienta a la pérdida de los valores más esenciales del ser humano, al subvalorar la natural y espontanea sabiduría de los niños. Esta cualidad subyace en su conciencia con la finalidad de convertirse en valiosa guía en la futura vida adulta, pero que irremediablemente perdemos al crecer. Los adultos tomamos como positiva una actitud seria, no sabemos disfrutar, porque olvidamos qué es lo verdaderamente importante: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Y es precisamente “el zorro”, personaje  de “El Principito” quien dice esta frase, ya que el aclara, que los hombres del mundo han olvidado esta verdad, y remarca que uno no debe olvidarla.

 Bien amigo lector, nada nuevo estamos agregando a lo que ya otros han escrito sobre esta obra. Su autor, el aviador que además de volar, en su corta vida, tuvo tiempo de escribir un libro de incuestionable trascendencia humanística, como lo es “El Principito”.

Muchos años atrás tuvimos oportunidad de visitar Concordia, ciudad de la Provincia de Entre Ríos, Argentina y haber escrito a posteriori sobre esa experiencia que publicamos en nuestra página web:  (lacolumnadepapel.blogspot.com) y titulamos: Castillo de San Carlos, Concordia, Entre Ríos, Argentina 

“Antoine de Saint Exupery aterriza en un prado próximo al Castillo.

De ellos surge otra historia que será la más recordada, la que más nos interesa y que recubre de un especial romanticismo por el personaje que comparte e interviene en ella.

Diversas cuestiones dan cuenta de que Antoine de Saint-Exupéry habría encontrado en Concordia su fuente de inspiración para escribir el best seller mundial titulado El Principito. 
El escritor francés pasó una estadía en el Castillo San Carlos, ubicado en el parque homónimo, a orillas del río Uruguay, y replicó en las páginas de su obra más famosa muchas de las experiencias que vivió en Concordia.  El Diario (Concordia)
29.09. 2013 

Fueron los Fuchs Balon (propietarios en aquella época del castillo) quienes coincidieron casualmente con el escritor francés  Antoine de Saint-Exupéry. Dice la historia que un día las hijas del matrimonio, quienes eran dos y cabalgando por los prados de la propiedad, contemplaron sorprendidas aterrizar una avioneta. El piloto que conducía la nave, era nada menos que Antoine de Saint-Exupéry, que en aquellos momentos se ocupaba de organizar una compañía de correo aéreo en la Argentina. Quizás lo sucedido  fue producido por una “panne” (percance aéreo) similar al que nos contara años más tarde en “El Principito”, su libro más célebre y recordado o porque le impresionó la belleza del lugar y decidió tocar tierra. Lo cierto es que a raíz de aquella experiencia y en honor y reconocimiento a las jóvenes que le recibieron en ese campo de aterrizaje improvisado, publica una nota alusiva en Paris, que titula “Las princesitas argentinas” y a posteriori también hace referencia de este hecho en su libro “Tierra de Hombres”, en el cual anota: «Había aterrizado en un campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas, fue en un campo cerca de Concordia en la Argentina». Saint Exupery regresaría en otras oportunidades al lugar.

Epílogo

Visitamos el lugar en 1968, hasta buena parte de las ruinas (En 1938,  un misterioso incendio provocó la pérdida de todo lo que tenía valor en la casa, quedando en ruinas hasta la actualidad, ruinas que, nuevamente, recuperaron su valor.) se habían llevado de aquello tan magnífico y digno de conservarse  con el mayor orgullo y estima. En Europa aún se atesoran y preservan con el mayor celo y trascendental empeño edificaciones y objetos del pasado  Aún pudimos ver una placa que fuera colocada recientemente (en aquellos años) que hacía mención de la visita de Saint Exupery.”

 


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( En el hotel Ostende, localidad de igual nombre sobre la costa  atlántica argentina, cercana a Pinamar)

El Hotel Ostende tiene muchas anécdotas para contar. LA NACIÓN BS.AS. 15.12.2000

Parece que Antoine de Saint- Exupéry, autor de El Principito , pasó las temporadas de verano allí: dicen que la habitación 51 de la parte antigua es la que eligió para dormir.
La cama donde dormía
¿Por qué no pudo haber inspirado las dunas de El Principito en la dunas de Ostende?, se preguntan optimistas los que aman estos médanos y los llevan en el corazón.

Hasta una versión indica que fue en un papel con membrete del hotel donde el autor escribió sus primeros textos. Por todo esto y mucho más, este año el Concejo Deliberante de Pinamar declaró ciudadano ilustre post mórten a Antoine de Saint-Exupéry en el centenario de su nacimiento.

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 Los caminos de Saint Exupéry a su paso por Argentina

http://www.nationalgeographic.com.es/
8 de septiembre de 2012

Un itinerario temático revela algunas de sus más extremas aventuras, los lugares que recorrió desde el aire y su antiguo avión totalmente restaurado

"Me encontraba en Argentina como en mi propio país, me sentía un poco vuestro hermano y pensaba vivir largo tiempo en medio de vuestra juventud tan generosa", escribió Saint Exupéry en una carta, después de abandonar el país. Autor de novelas tan célebres como El principito (1943) o Vuelo nocturno (1931), Antoine de Saint Exupéry -llamado Saintex por sus amigos- nació en Lyon (Francia) en 1900, realizó su primer vuelo a los 11 años de edad y el 31 de julio de 1944 desapareció misteriosamente en un vuelo sobre el mar Mediterráneo, cerca de la costa de Marsella.

El escritor francés viajó por primera vez a Argentina a finales de los años 20, donde fue fundador y primer piloto de la Aeroposta Argentina, la primera compañía de aviación del país, que hace poco menos de un siglo se dedicaba fundamentalmente al transporte de correspondencia y en menor medida al de pasajeros. Saint Exupéry descubrió inhóspitos lugares del territorio que cautivaron su atención. La Cordillera de los Andes, los bosques, la estepa, los valles y las costas patagónicas fueron su gran pasión. En Buenos Aires escribió una de sus novelas, conoció a su gran amor y terminó con el aislamiento que padecían numerosos pueblos sureños. Llegó hasta el Fin del Mundo en la provincia de Tierra de Fuego y unió las localidades de Bahía Blanca, Viedma, Trelew, Puerto San Julián, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y Río Gallegos. Fueron más de 15 meses de aventuras y viajes a lo largo del territorio argentino.

Desde el pasado 14 de agosto de 2012, un itinerario temático revela algunas de sus más extremas aventuras, los lugares que recorrió desde el aire y su antiguo avión, totalmente restaurado, se exhibe en los hangares que la Fuerza Nacional posee en la ciudad de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires.

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Saint Exupéry en la Patagonia



PATAGONIA-ARGENTINA.COM  24 de Marzo de 2016


Hace mas de 100 años, el 29 de junio de 1900 nacía en Lyon, Francia, Antoine de Saint Exupéry. El célebre autor de El Principito, estaba destinado a crear lazos de afecto, inspiración y amor con la Argentina, y en particular con nuestra Patagonia.

Saint Exupéry es uno de los escritores y viajeros famosos que han recorrido y reflejado en su obra esta porción del continente americano. Queremos recordar una pequeña porción de su vida, la que lo liga a esta región, tan lejana de su Francia natal, pero tan cercana en sus afectos, sus cartas y sus libros.

Saint Exupéry llegó a la Argentina el 12 de octubre de 1929, junto con Jean Mermoz y Guillaumet, sus compañeros en la aviación. Fue el fundador y primer piloto de la Aeroposta
Argentina, la primera compañía de aviación del país. Esta línea estaba dedicada fundamentalmente al transporte de correspondencia, el negocio de la época, aunque también llevaba, esporádicamente, pasajeros. El primer vuelo se realizó el 20 de octubre de 1929, entre Buenos Aires y Comodoro Rivadavia. Las escalas fueron en San Antonio Oeste, cuyo Aeródromo lleva hoy el nombre de Saint Exupéry, y Trelew, donde se cuenta que nuestro piloto recogió una foca.

Saint ExupéryLa impresión que le causaron los paisajes patagónicos aparece plasmada en su correspondencia. Leemos lo que escribe en una carta a su madre, intentando describir estos lugares desde el cielo:


Saint Exupéry a bordo“¡Qué bello país y cómo es de extraordinaria la Cordillera de los Andes! Me encontré a 6500 metros de altitud, en el nacimiento de una tormenta de nieve. Todos los picos lanzaban nieve como volcanes y me parecía que toda la montaña comenzaba a hervir…”

Sus funciones no se limitaban a los vuelos comerciales sino que también efectuó vuelos de reconocimiento, rondas de inspección y raids hasta Tierra del Fuego. Muchos de estos vuelos cotidianos, de 18 horas de duración, se realizaban de noche, lo que lo inspiró para comenzar a escribir, entre dos misiones, “un libro sobre el vuelo de noche”, el que será finalmente Vuelo Nocturno, publicado a su regreso en Francia, en 1931.

Saint Exupéry y su compañero 

En junio de 1930 se perdió en la cordillera su compañero Guillaumet, durante una tormenta. Por días y días, Saint Exupéry sobrevoló los Andes buscándolo o buscando alguna señal de él. Nadie quería acompañarlo en una excursión por tierra, ya que la sabiduría de los baqueanos dice que los Andes, en invierno, no devuelven a los hombres. Escribe, entonces, en una carta imaginaria a su amigo, que luego formará parte de su libro Tierra de Hombres:

“…Y cuando de nuevo me deslizaba entre los muros de los pilares gigantes de los Andes, me parecía que ya no te buscaba, sino que velaba tu cuerpo en silencio, dentro de una catedral de nieve…”

Increíblemente, después de cinco días de errar, el piloto fue encontrado sano y salvo. La historia de su travesía heroica en la cordillera, escuchada tantas veces por Saint Exupéry, está contada con lujo de detalles y poesía, en el mismo libro que mencionamos, Tierra de Hombres.

Isla de los Pájaros

En enero de 1931, después de quince meses de estadía en nuestro país, volvió a Francia. Su propósito, en principio era simplemente tomarse unas vacaciones, las que serían aprovechadas para casarse con una joven, Consuelo Suncin, que le había sido presentada en Buenos Aires. Estando en Europa, la compañía Aeropostal Argentina se declaró en quiebra y Saint Exupéry ya no volvería a la Argentina.

En 1943 escribiría su obra corta más conocida: El Principito, donde una de sus ilustraciones sobre una boa que traga un elefante tendría un parecido bastante particular con la silueta de la Isla de los Pájaros…

Su novela Vol de Nuit (Vuelo nocturno), que habla sobre los inicios del Servicio Postal Aéreo Sudamericano, fue llevada la pantalla grande por la compañía Metro Goldwym Meyer.

Su avión

Un avión modelo Laté 25El Laté 25, el avión utilizado por Antonio de Saint Exupéry en la Aeropostal Argentina, llegó a nuestro país en 1929, piloteado por el propio Saint Exupéry, a pedido de Jean Mermoz. Después de casi cuarenta años de abandono, ha sido restaurado, a principios de este año, respetando, en la medida de lo posible, los materiales originales de su construcción. Fue presentado en el mes de abril en los hangares de la Fuerza Aérea de la ciudad de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, y allí se encuentra expuesto al público en general.

Este avión es un monoplano que podía transportar una tonelada de mercadería y recorrer una media de 5.000 km. sin dificultades. Puede servirnos como ejemplo del adelanto técnico que representaba para la época el saber que unía Buenos Aires con Comodoro Rivadavia a una velocidad promedio de 174 km/h.

El avión de Saint Exupéry antes de ser restaurado.
Entre las travesías más importantes que lo tuvieron como protagonista figura la inauguración de la ruta Bahía Blanca-Río Gallegos, dos ciudades que hasta entonces sólo podían unirse por mar.

Para terminar, sólo podemos añadir una frase de Jean Canesi, un autor francés que está de acuerdo con los comentaristas que dicen que fue en la Patagonia donde Saint Exupéry concibió el personaje de El Principito:

“En realidad no sería nada sorprendente, pues en esta región primitiva es muy fácil dormirse a mil leguas de cualquier lugar habitado, en el polvo, entre las manadas de ovejas y despertarse una mañana con una vocecita que nos dice “Por favor, ¡dibújame una Patagonia!”


Para Patagonia-Argentina.com, Marita Alasio.

domingo, 6 de marzo de 2016

Julián Centeya, el hombre gris de Buenos Aires




Manuel Adet

                                           Se dice que el poeta César Tiempo lo bautizó con el color gris. Para los neófitos, la grisura no tenía que ver con la mediocridad o el conformismo sino con la lluvia, la madrugada, la caída del crepúsculo contemplada desde algún cafetín y la soledad, esa soledad íntima, una soledad que es algo más que no estar acompañado por alguien.

Centeya no nació en Buenos Aires, pero se hizo porteño. Porteño de Boedo, su barrio del alma. Un Boedo que no empezaba en Rivadavia sino que nacía en avenida Independencia, cruzaba San Juan y moría en Puente Alsina, después de atravesar Chiclana. Murió un 26 de julio en su Buenos Aires querido. La fecha es la misma que la de Roberto Arlt y Evita. Las compañías no le deben haber disgustado. “¿Se nos fue o sólo se fueron sus huesos, sus angustias y sus arrugas?”, se pregunta uno de sus biógrafos.

Hoy podemos disfrutar de sus poemas recitados por él mismo, de su figura sobria, ascética y tanguera, de su gesto severo y recto, de ese tono de voz algo ronco, algo aguardentoso, inevitablemente tanguero. Hoy es un personaje de antología, pero hay que ser muy tanguero para recordarlo, mantener con el tango y su paisaje una relación especial, única.

Sus poemas circulan en ediciones viejas, en libros ajados. No hace mucho Norberto Galasso lo honró escribiendo su biografía, pero quienes lo conocieron aseguran que lo más valioso de Centeya no eran sus escritos, sino su charlas, sus charlas alrededor de una mesa de café, en la barra de algún cafetín o caminando por la calle una noche de garúa, cuando todo alrededor parece desplazarse con la morosidad de los sueños.

 Entonces era un placer o una lección de vida disfrutar del tono de su voz, de su manera de concebir la vida, de su impenitente bohemia de porteño solitario y perdedor.
Julián Centeya nació en la localidad italiana de Borgotaro, provincia de Parma, el 15 de octubre de 1910. Siempre recordó con afecto a su pueblo natal y a sus paisanos más célebres: Giuseppe Verdi y Arturo Toscanini. Su padre, “el tano laburante” del poema “Mi viejo”, se llamaba Carlos, Carlos Vergiati. Y era redactor del diario socialista “Avanti” dirigido por Benito Mussolini, cuando Mussolini era socialista y no fascista. “Verlo a mi viejo, un tano laburante/ que la cinchó parejo, limpio y claro/ y minga como yo, un atorrante/ que la va de sover y se hacer el raro”.

Su madre se llamaba Amelia. Después estaban sus dos hermanas y el perro, “Cri cri”. A él, el único hijo varón, lo bautizaron como Amleto (en homenaje a Hamlet) Enrique. Amleto Enrique Vergiati. Cuando empezaron los problemas políticos la familia se trasladó a Génova, y cuando la convivencia con el fascismo se hizo insoportable emigraron para la Argentina. Lo dice en el poema de homenaje a padre : “Vino en el Comte Rosso, fue un espiro/ tres hijos, la mujer, a más un perro/ como un tungo tenaz la fue de tiro/ todas se las aguantó, hasta el destierro”.

Los Vergiati llegaron a Puerto Nuevo y de allí se trasladaron a San Francisco. Don Carlos se ganaba la vida como carpintero porque ya no podía hacerlo como periodista. “Mi viejo carpintero era grandote/ y un cuore chiquilín, siempre en la vía/ su vida no fue más que un despelote/ y un poco, claro está, por culpa mía”.
En algún momento los Vergiati se fueron a vivir a Buenos Aires. Parque Patricios fue su primer destino. Allí estudió en el Colegio Abraham Luppi. Los estudios secundarios los inició en el Nacional Rivadavia ubicado en avenida Entre Ríos y Chile. Duró hasta tercer año. 

Después su universidad fue la calle, los bodegones rasposos, las pensiones de mala muerte, las redacciones de diarios y revistas que publicaban uno o dos números y luego cerraban perseguidos por los acreedores.
Para ese tiempo Boedo empezaba a ser su barrio. El barrio de sus recorridas y sus inspiraciones poéticas. Chamuyar en lunfardo, vivir como un tanguero y frecuentar los ambientes de la noche no se compadecen con el apellido Vergiati. Primero se llamó Enrique Alvarado y con ese nombre firmó su libro de poemas “Enfermería San Jaime”, un curioso y sugestivo reconocimiento al jazz y al clásico del género “Sain’t James infirmery”. 

Uno de sus poemas, tal vez el más célebre, se llama precisamente, “Sigo pensando en vos, negro”, un honrado homenaje a Louis Armstrong.
Para esos años se casó con Elena Goriza Vuattone, la hermana de Nelly Omar. El matrimonio duró lo que un suspiro. Vivir con Centeya no debe haber sido fácil para ninguna mujer. La bohemia, el cafetín, la noche, la mesa de amigos hasta la madrugada, las charlas interminables en las redacciones de los diarios y revistas no se compadecen con el matrimonio. 

Según se sabe nunca reincidió.
Los libros publicados ya con el nombre de Julián Centeya fueron “La musa mistonga”, editado en 1964; “La musa de barro” que fue presentado por la escritora Martha Lynch y “La musa maleva” que salió a la calle en 1978, cuando él ya hacía cuatro años que estaba muerto. Son poemas que no merecerían calificarse de lunfardos, más allá de que el lunfardo esté presente. En 1971 publicó su única novela : “El vaciadero”.

Centeya pertenece por filiación literaria a la escuela de Boedo, pero no sería correcto encuadrar a un personaje jae como él en una determinada escuela o tradición. Otros críticos han intentado relacionarlo con Carlos de la Púa, el “Malevo Muñoz”, autor de la famosa “Crencha engrasada”. Puede que la relación sea legítima porque los dos amaban a la ciudad y al tango, pero desde el punto de vista literario no nos dice nada.

Curiosamente, un tipo que parecía vivir en la calle, escribió mucho y trabajó mucho. Fue redactor de “Crítica “ y “El Mundo”. En Radio Colonia condujo el programa “En una esquina cualquiera” y en Radio Argentina condujo “Desde una esquina del tiempo”. A mediados de los sesenta llegó a la televisión: “Tarde... ahora que estoy flaco y fulero”, dijo a modo de presentación. En la radio y la televisión glosaba, como se decía entonces, las letras de los tangos. Su voz era una marca registrada. Y una garantía.

Escribió algunos tangos que merecen recordarse. En 1942 nació “Claudinette” musicalizado por Enrique Delfino y que Héctor Mauré grabó en julio de 1959. “Ausencia de tus manos en mis manos, ausencia de tu voz que ya no está...”. Es muy bueno, es un poema refinado, que evoca los mejores poemas de Homero Expósito. En 1944 escribió “La vi llegar”, con música de Enrique Francini. El tango fue grabado en el sello Odeón por la orquesta de Miguel Caló y ese gran cantor que fue Raúl Iriarte, en abril de 1944. “La vi llegar, caricia de su mano breve. La vi llegar....¡alondra que azotó la nieve...”. De la “Milonga a Julián Centeya” hay una muy buena versión de Alberto Podestá. Tres tangos famosos, los dos primeros de excelente factura poética.

Después menudearon las presentaciones recitando poemas. De él y de otros. “Cortada de Carabelas” de Carlos de la Pua o “Ramayón” de Homero Manzi son piezas antológicas que todo tanguero debe saber escuchar. No es fácil dar con sus libros, pero sus poemas se han reeditado y están en las disquerías. No en todas, pero están. Hay que escucharlo hablar a Centeya, escucharlo a hablar para saber cómo hablaba un hombre de la noche, un caminante de la ciudad. O un guapo de aquellos años.

Centeya se fue “una noche de descuido” de 1974. Estaba solo. Mejor dicho, la única compañía era el médico. A él le dirigió las últimas palabras. “Tordo: a usted que lo aprecio tanto, le dejo el triste recuerdo de ser el último que apretó mi mano. Gracias y perdón”.

El Litoral.com  06’08’2011

sábado, 6 de febrero de 2016

Borges entre señoras



TRIBUNA:LA CUARTA PÁGINA. PIEDRA DE TOQUE. EL PAÍS Madrid.

El escritor argentino colaboró en los años treinta con una revista femenina bonaerense, El Hogar, con magníficas críticas literarias. Tusquets publicó en 1986 una antología soberbia
MARIO VARGAS LLOSA 14 AGO 2011

Entre 1936 y 1939 Borges tuvo a su cargo la sección de libros y autores extranjeros de El Hogar, un semanario bonaerense dedicado principalmente a las amas de casa y la familia. Emir Rodríguez Monegal y Enrique Sacerio-Garí reunieron una amplia antología de estos textos que publicó Tusquets en 1986 con el título Textos cautivos. Ensayos y reseñas en 'El Hogar' (1936-1939).

No conocía este libro y acabo de leerlo, en Mallorca, donde Borges, en cierto modo, hizo su vela de armas literaria poco después de terminar sus estudios escolares, en Ginebra. Aquí escribió versos vanguardistas, firmó manifiestos, se vinculó a un grupo de poetas y escritores jóvenes de la isla, en una actividad intelectual intensa pero que poco dejaba adivinar de la trayectoria que tomaría su obra posterior. No sé por qué me había hecho la idea de que sus notas y artículos en El Hogar, serían, como aquellos escritos mallorquines de su juventud, testimonios de una prehistoria literaria sin mayor vuelo, meros antecedentes de la futura obra genial.

Son textos en los que el autor se desnuda de cuerpo entero. Muestra sus fobias, filias, anhelos
Escribe como si se dirigiera a los más exquisitos lectores de la tierra. De igual a igual

Veinte Borges a escena
Me llevé una gran sorpresa. Son mucho más que eso. No sé si la selección, que parece haber sido hecha sobre todo por Sacerio-Garí -el libro apareció cuando Rodríguez Monegal había fallecido-, eliminó todos los textos de mera circunstancia y poca significación, pero la verdad es que esta antología es soberbia. Revela a un escritor dueño de un estilo cuajado y propio, enormemente culto, con un punto de vista que le permite opinar sobre poesía, novela, filosofía, historia, religión, autores clásicos y modernos y libros escritos en diversos idiomas, con absoluta desenvoltura y, a menudo, notable originalidad. Un colaborador que semanalmente comentara la actualidad literaria mundial con la lucidez, el rigor, la información y la elegancia con que lo hacía Borges en El Hogar, hubiera dado un gran prestigio a las más exigentes publicaciones intelectuales de los considerados entonces los ejes culturales de la época, como París, Londres y Nueva York. Que estos textos aparecieran en una revista porteña dedicada a las amas de casa dice mucho sobre la probidad con que su autor encaraba su vocación, y, también, desde luego, sobre los altos niveles culturales que lucía la Argentina de aquellos años.

Una de las rarezas de estos textos es que Borges se ha leído de principio a fin los textos que reseña, se trate de la voluminosa traducción de Las mil y una noches de sir Richard Burton, los ensayos sobre la mitología primitiva de sir James George Frazer o las novelas de Faulkner, Heming-way, Huxley, Wells y Virginia Wolf. Todo lo analiza y comenta con la seguridad que solo confiere el conocimiento. Cuando la oscuridad del libro es más fuerte que él, como le ocurre con el Finnegans Wake de James Joyce, lo confiesa y explica las posibles razones de su fracaso de lector. No hay uno solo de estos comentarios que dé la impresión de haber sido elaborado de cualquier manera, para cumplir, sin dar mayor importancia a un trabajo que sabía pasajero, superficial y olvidable. Nada de eso. Incluso las pequeñas notitas de pocas frases que aparecían a veces al pie de su página bajo el rubro De la vida literaria son una delicia de leer, por su ironía, su gracia y su inteligencia.

En los años en que colabora en El Hogar Borges publica ya un libro importante, Historia universal de la infamia, pero todavía no ha escrito ninguno de sus grandes cuentos, poemas o ensayos a los que deberá luego su fama. Sin embargo, ya había en él un talento fuera de lo común para leer y opinar sobre lo que leía, y una visión del mundo, de la cultura, la condición humana, del arte de inventar ficciones y de escribirlas que dan a todos estos textos un denominador común, de partes de un todo compacto. Lo primero que resalta en ellos es la curiosidad universal que guía sus lecturas, la de un lector que es ciudadano del mundo, pues se mueve con la misma soltura leyendo a Paul Valéry en francés, a Benedetto Croce en italiano, a Alfred Döblin en alemán y a T. S. Eliot en inglés. Y, lo segundo, la claridad y la fuerza persuasiva de una prosa donde hay casi tantas ideas como palabras y un esfuerzo permanente para no decir nada que no sea absolutamente indispensable respecto a lo que se propone decir. Cuentan que Raimundo Lida, en sus clases de Harvard, recordaba siempre a sus alumnos: "Los adjetivos se han hecho para no usarlos". Borges es famoso por sus adverbios y adjetivos ("Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche"), pero, justamente, lo es porque nunca abusa de ellos, porque estallan de pronto en sus frases como una aparición insólita y espectacular, que redondea una idea, abre una inesperada dimensión a la anécdota, trastorna y desbarajusta lo que hasta entonces parecía la dirección de un argumento. La riqueza de estas reseñas, comentarios o microbiografías está en la precisión y concisión con que fueron escritas: nunca parece faltar ni sobrar nada en ellas, todas gozan de aquella autosuficiencia que tienen los buenos poemas y las mejores novelas.

A veces, un párrafo de pocas frases le basta a Borges para resumir el juicio que le merece toda la vasta obra de un autor, como Samuel Taylor Coleridge: "Más de 500 apretadas páginas llenan su obra poética; de ese fárrago solo es perdurable (pero gloriosamente) el casi milagroso Ancient Mariner. Lo demás es intratable, ilegible. Algo similar acontece con los muchos volúmenes de su prosa. Forman un caos de intuiciones geniales, de platitudes, de sofismas, de moralidades ingenuas, de inepcias y de plagios". La opinión es muy severa y acaso injusta. Pero, no hay duda, quien la formula de ese modo sabe lo que dice y por qué lo dice.

A veces, en los perfiles biográficos, hay verdaderas maravillas descriptivas, como este boceto físico del historiador Lytton Strachey: "Era alto, demacrado, casi abstracto, con el fino rostro emboscado detrás de los atentos anteojos y de la rojiza barba rabínica. Para mayor recato, era afónico". No es raro que un elogio vaya acompañado de un mandoble letal, como en esta frase en la que, luego de alabar dos novelas de Lion Feuchtwanger -El judío Süss y La duquesa fea- añade: "Son novelas históricas, pero nada tienen que ver con el laborioso arcaísmo y con el opresivo bric-à-brac que hace intolerable ese género".

No hay en el Borges que escribe estos sueltos y artículos la menor concesión hacia el público de una revista que no era ni especializado en literatura ni, en su gran mayoría, lo suficientemente culto como para poder apreciar en todo su valor las opiniones y elogios o admoniciones de que estaban impregnados sus artículos. Escribe como si se dirigiera a los más exquisitos y refinados lectores de la tierra, dando por supuesto que todos lo entenderían y aprobarían o desaprobarían sus juicios de igual a igual. Y, pese a ello, no hay en estas páginas arrogancia ni pedantería, esos desplantes detrás de los cuales se disimulan casi siempre la ignorancia y la vanidad. Son textos en los que, a pesar de su brevedad, el autor se juega a fondo, desnudándose de cuerpo entero, mostrando sus manías, fobias, filias, anhelos íntimos. Los autores que frecuentará toda su vida con admiración y lealtad desfilan por sus páginas, Schopenhauer, Chesterton, Stevenson, Kipling, Poe, los cuentos de Las mil y una noches, así como su debilidad por el género policial, a muchos de cuyos cultores, Chesterton, Ellery Queen, Dorothy L. Sayers y Georges Simenon, dedica artículos. Temas recurrentes de sus ficciones y ensayos, como el tiempo y la eternidad, asoman en las observaciones que consagra a la obra de teatro de J. B. Priestley El tiempo y los Conways y a Un experimento con el tiempo de J. W. Dunne, a quien dedicaría también en otra ocasión un largo ensayo. Y, por supuesto, la fascinación que ejerció siempre sobre él la literatura oriental está presente en los comentarios a libros chinos como Historia de la orilla del agua, una antología de cuentos fantásticos y folclóricos de ese país hecha por Wolfram Eberhard y la japonesa The Tale of Genji de Murasaki Shikibu.

Textos cautivos constituye un magnífico panorama de lo que era la actualidad literaria de fines de los años treinta en el mundo occidental, época de una fulgurante creatividad en todos los géneros, la de Eliot, Joyce, Breton, Faulkner, Wolf, Mann, en la que la experimentación formal, la revisión del pasado reciente y clásico, las polémicas sociopolíticas y culturales trazaban una frontera entre dos épocas. Es fascinante que acaso nadie dejara un testimonio más agudo y sutil de toda la efervescencia de ideas, formas y creaciones literarias de aquellos años, que un (todavía) oscuro escribidor de los confines del mundo, en la página semanal que llenaba en una revista de amenidades concebida para hacer más llevadera la rutina de las amas de casa.


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sábado, 2 de enero de 2016

ALMAFUERTE



Juan Yáñez

                       Poeta se nace, no se hace, parece decir Pedro Bonifacio Palacios, aquel que adoptara como pseudónimo: Almafuerte.  Un autodidacta que se formara en el medio rural y allí en ese entorno agreste y primitivo fue maestro, vocación que lo llevara al hacer en cualquier rancho una escuelita y enseñar las primeras letras a niños y adultos con una profunda ternura que brotaba de un alma combativa y agreste.
Fue el poeta un amante de todo aquello que encuadrara dentro la humildad más tenaz donde solo tiene cabida la esencial sencillez, ignorando toda solemnidad o protocolo.
Su producción poética luce espontánea y muchas veces ruda o defectuosa, característica de un bregador del verso, precisamente nos parece que al  no disponer de alguna palabra adecuada para un verso, apela a sus propios  recursos de una sensibilidad poética que asombra por su naturalidad expresiva.
Alguien dijo acertadamente de Almafuerte que encuadra su expresión en la voz de un poeta que se considera un <“profeta” ­­­­-de los humildes y humillados-, que habla como un predicador  cristiano de la caridad, la moral y el humanitarismo>
El estudio de su obra poética es imposible ubicarlo como romántico o modernista. El pesimismo, el inconformismo , su ira y frustración  se transluce a a través de sus mejores poemas.  Entre ellos “El Cantar de los Cantares”,  “La Sombra de la Patria”. “Jesús”, “Dios te salve”, “El Misionero”, "Avanti"
  En toda su obra el tema central es el hombre, su relación con Dios, su humanidad y el universo todo.
Podemos decir y sin la menor intención de humillar, porque cultura es la expresión de los pueblos, y es correcto no ocultar aquello que es fidedigno. Esencialmente su  vocabulario, su estilo y su temática  está dirigidas a la plebe , que él mismo denomina “la recua vil sudorosa”.
Nuestro poeta había nacido en 1854, en San Justo, Pcia. De Buenos Aires, y muere en La Plata en 1917.

*(Borges tiene palabras de reconocimiento para Almafuerte) .

Jorge Luis Borges habla sobre el poeta Almafuerte

Resumen

El escritor se refiere al poeta Pedro Bonifacio Palacios Almafuerte, su persona y su obra. Describe la época en la que escribió, su mirada del mundo, su "desventura de ser poeta", sus lecturas. Borges nombra a Almafuerte como el primer poeta "argentino". Jorge Luis Borges, escritor argentino (24 de agosto de 1899-14 de junio de 1986) Almafuerte, poeta argentino (13 de mayo de 1854-28 de febrero de 1917). Contenido: Testimonio de: Jorge Luís Borges sobre Almafuerte. Borges lee versos de Almafuerte. Borges lee versos de Almafuerte sobre el perdón. Borges se refiere a la poesía argentina.

Notas

Ciclo: Archivo de la Palabra. Grabado en el Círculo de Periodistas. Este testimonio no tiene registro sobre la fecha de grabación.

Información general


¡AVANTI!

Pedro B. Palacios - Almafuerte

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte . . .
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!

¡PIU AVANTI!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

¡MOLTO PIU AVANTI!

Los que vierten sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;
Los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes!
¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡nunca sigas impulsos compasivos!
¡ten los garfios del Odio siempre activos
los ojos del juez siempre despiertos!
¡Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!

¡MOLTO PIU AVANTI ANCORA!

El mundo miserable es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser, tras el tocado:
No digas tu verdad ni al mas amado,
no demuestres temor ni al mas temido,
no creas que jamás te hayan querido
por mas besos de amor que te hayan dado.
Mira como la nieve se deslíe
sin que apostrofe al sol su labio yerto,
cómo ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe...
¡Trema como el infierno, pero rie!
¡Vive la vida plena, pero muerto!

¡MOLTISSIMO PIU AVANTI ANCORA!

Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en esa frágil cárcel de las fieras,
No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones
lo mismo que dos plácidos horteras;
Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves...
¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!

VERA VIOLETA

En pos de su nivel se lanza el río
por el gran desnivel de los breñales;
el aire es vendaval, y hay vendavales
por la ley del no fin, del no vacío;
la más hermosa espiga del estío
ni sueña con el pan en los trigales;
el más dulce panal de los panales
no declaró jamás: yo no soy mío.
Y el sol, el padre sol, el raudo foco
que fomenta la vida en la Natura,
por calentar los polos no se apura,
ni se desvía un ápice tampoco:
¡Todo lo alcanzarás, solemne loco,
siempre que lo permita tu estatura!

LA YAPA

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Océano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:
tu gimnasia de cárcel, no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.
¿Qué saben de lo eterno las esferas;
de las borrascas de la mar, la gota;
de puñetazos, la falange rota;
de harina y pan, la paja de las eras?...
¡Detente, por piedad, pluma no quieras


que abandone sus armas el ilota!
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