viernes, 30 de octubre de 2009

El Obelisco y el Gran Rex, dos símbolos de una ciudad

La ciudad, es Buenos Aires, capital de la República Argentina, en la cual podemos hallar en pleno centro, dos símbolos que reflejan de manera especial, la personalidad de esta gran urbe latinoamericana. El primero, es el célebre Obelisco, que luce gallardo e imponente en la Plaza de la República. Precisamente en la intersección de la afamada avenida Corrientes con la avenida 9 de Julio. El otro símbolo corresponde al Teatro Gran Rex, -a sólo doscientos metros del Obelisco- sito también en la avenida Corrientes entre las calles Suipacha y Esmeralda. Ambos tienen mucho en común, a pesar de las diferencias de propósito. Y es que fueron construidos por el mismo arquitecto, Alberto Presbich, uno de los líderes de lo que se dio en llamar El Modernismo Argentino. Sobre el Obelisco diremos que es, el principal e irremplazable icono de la ciudad, considerado Monumento Histórico Nacional, es de formas simples, austero, sin aditamentos ni adornos. Una rígida columna de cuatro caras, de casi 7 metros por cada lado y con una altura de 67 metros. Fue inaugurado el 23 de mayo de 1936. Su estilo y aspecto generó algunas polémicas entre los partidarios de la modernización de la ciudad y los sectores de tendencia conservadora y tradicionalista. A pesar de todo fue con el correr de los años plenamente aceptado y actualmente sería imposible imaginar la ciudad sin su presencia. El otro icono…, el Teatro Gran Rex, lo hemos considerado así por la trascendencia que esta sala atesora, -al igual que los clásicos coliseos de la antigüedad- en la representación artística y cultural. Desde 1937, año de su apertura, compartió las presentaciones en vivo con los estrenos de las mejores películas de la época de oro del séptimo arte. Hoy y desde hace ya tiempo es el teatro de los grandes espectáculos musicales. En él se han presentado los artistas más consagrados, nacional e internacionalmente. Las más importantes figuras del ambiente musical, como lo son, Liza Minelli, Charles Aznavour, Juan Manuel Serrat, Sandro, por nombrar solo algunas de las actuales y que recordamos, han pisado su escenario. Está considerado el teatro de más capacidad de América Latina y el cuarto en el mundo, su aforo es para 3.600 espectadores. Su diseño es por demás sencillo, en el cual las líneas rectas dominan y otorgan a la obra elegancia y sobriedad. Su monumental fachada es un sencillo rectángulo, con una gran abertura vidriada, sin ningún motivo decorativo. El interior, posee el mismo particular estilo. En el amplio hall, observamos un par de solemnes escaleras lo suficientemente amplias para desalojar rápidamente al público al terminar las representaciones. El interior de la sala, inmenso; sus laterales están formados por una especie de fajas encimadas, con el propósito de aumentar la calidad acústica. El principal material del frente y del hall es el mármol natural de un delicado color beige, lo complementa el bronce brillante, en toda la herrajería. La madera enchapada está presente en las puertas que dan acceso a la platea y el cristal cubre la abertura de la fachada. En los últimos días del pasado diciembre, tuvimos oportunidad de visitar el teatro, que se encontraba en refacciones y en preparación de sus instalaciones para la próxima temporada. Fue una grata e inolvidable experiencia. Conocimos su interior, -aquel que no ve el público- siendo amablemente atendidos por Sr. Jorge Ávila, responsable de la logística y el mantenimiento del teatro. Jorge nos acompañó por todas sus dependencias interiores y nos dio todos las explicaciones pertinentes Conocimos su escenario por dentro, la tramoya, los camarines, sus sótanos, sus pisos superiores, sus elementos técnicos y todo aquello que hace a la calidad de sus presentaciones y espectáculos. Ya para finalizar agregaremos que el teatro conserva su estructura y aspecto original sin alteración alguna. La calidad de los materiales que emplearon en su construcción y el mantenimiento celoso y constante de sus instalaciones, hicieron posible que esta sala ya con 72 años de existencia se muestre tan exquisita y elegante como debió haber lucido aquel lejano día de su inauguración….



Juan Yáñez, Columna de Papel

Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, el 08.03.09
Fotos del autor

viernes, 23 de octubre de 2009

Mi Bisabuelo tiene su Estatua

Juan Yáñez 
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Si, es verdad, está en la plaza Primero de Mayo, en Buenos Aires, exactamente ubicada entre las calles Pichincha, Pasco, Alsina y H. Yrigoyen. Es de bronce, de cuerpo entero con el torso desnudo y carga sobre uno de sus hombros una maza con un largo cabo.
Él no ha sido ni un héroe, ni una figura pública, ni nada por el estilo. Fue guardián en el Parque Lezama y a la vez fungía como modelo de pintores y escultores.
Cerca del parque estaba la Academia de Bellas Artes y es de allí donde seguramente fue contactado por el escultor Ernesto Soto Avendaño, autor de la obra.
Se la denomina “Monumento al Trabajo” y representa a un obrero de edad madura. El artista arriba nombrado, obtuvo con esta obra el Primer Premio Nacional de Escultura de 1921. Posteriormente la obra fue adquirida por el Concejo Deliberante y ubicada en la referida plaza, la cual fue inaugurada el 14 de abril de 1928 y en el mismo acto develada la estatua.
El autor posando ante el monumento
 en diciembre de 2008
Conocí esta escultura de niño, de la mano de mi abuela Josefa Núñez. Me llevó una tarde para que “conociese” a su padre, mi bisabuelo. El artista había copiado exactamente sus facciones y su figura, por lo que mi abuela se emocionaba al verla.
Él había llegado de su Galicia natal a principios del pasado siglo a Buenos Aires. Fue herrero en España y forjando con un martillo un hierro al rojo sobre el yunque, se desprendió una esquirla que fue a dar en un ojo de mi abuela, una niña de cinco años. Ella perdió el ojo y su padre cargó un remordimiento por el resto de su vida. Murió en 1933, a los 74 años y se llamaba Juan Núñez..
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