viernes, 29 de julio de 2016

ARGENTINA: LA GRAN MENTIRA OFICIAL Y LA COMPLICIDAD DE SU PUEBLO. 

"El peronismo
nace asistido por la razón y como remedio a flagrantes
errores e injusticias. Pero no tarda en ser devorado por la
fuerza negativa de ese oscuro resentimiento. Ansioso de
irracionalidad, Perón (quiso) renegar del proyecto
(civilizador) argentino, sustituyéndolo con un plan que
fomentaba todo lo contrario. Nada de Europa, por
supuesto. ¿Para qué Europa? Nosotros somos
americanos, y en cierto modo, indios. Restablezcamos
hasta donde sea posible la fisonomía de las culturas
anteriores al advenimiento y triunfo de la cultura
española, greca-latina, europea, (rechacemos) -como cosa
maléfica- la memoria de quienes con sus actos y con sus
escritos trazaron memorablemente (ese gran proyecto)
que llenó a la Argentina de ferrocarriles, de puertos, de
caminos, de fábricas; que hizo de la Argentina uno de los
graneros del mundo y una de las naciones con mayor
stock ganadero; que convirtió a la Argentina en algo así
como un nuevo Eldorado y en el refugio por excelencia
de los menesterosos y perseguidos de Europa; todo por
obra de Rivadavia, Sarmiento, Mitre, Alberdi y otros
grandes, hoy execrados (mientras se), pone en los
cuernos de la luna a personajes de la catadura de Rosas y
Facundo Quiroga... Por este camino hemos asistido a
hechos como el protagonizado recientemente por un
gobernador (provincial) peronista que ha llegado a decir:
“En esta provincia no se volverá a nombrar a traidores
tales como Rivadavia, Sarmiento y Mitre. Después de
esto, buenas noches”…
El éxito de Perón en retrotraer Argentina al
oscurantismo “autóctono” está a la vista. Tras arruinar
política y económicamente al país en una década de
gobierno, pasó sus diecisiete años de exilio ocupado
diligentemente en impedir que la Argentina se recuperase
de aquel primer ciclo peronista, y logró hacerla
literalmente ingobernable, aun para él mismo, a pesar de
haber recibido a su regreso un poder virtualmente
monárquico. Y para coronar su “obra”, Perón, sabiéndose
enfermo, infligió a la Argentina la indignidad suprema de
designar herederos a la pareja que formaban su esposa,
ex-cabaretera, y su “secretario privado”, un personaje
equívoco, ex-sargento de policía, sedicente astrólogo,
autor de un libro que consiste íntegramente de sus
supuestas conversaciones con el arcángel Gabriel".

Del libro: "Del buen salvaje al buen revolucionario"  de Carlos Rangel.



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