martes, 23 de junio de 2015
Los chanchullos de 'don Julio' (Grondona)
Salen a
la luz escuchas que revelan la corrupción en el fútbol en Argentina
EL BLOG
OPINA
El simple
juego que consiste en impulsar una pelota con el pie, que deviniera en uno de
los deportes de más trascendencia en cuanto a espectáculo, se a convertido en un
gran negocio. El fútbol, pasión multitudes y de unos pocos a los que les gusta
en dinero fácil y se ocultan tras un barniz de decencia. Tal es el caso de este individuo (Grondona) y
de otros que se adueñaran de la institución encargada de administrar este deporte
en Argentina. Hizo y deshizo durante 40 años, compró silencios, aceitó toda la
parafernalia para que marchara de acuerdo a sórdidos intereses y gozó del
beneficio de toda la complicidad
necesaria de gobiernos tan corruptos como él.
La verdad
siempre aflora y ahora es que falta, si no se siguen manipulando conciencias en
este (otro) periodo malsano de la política argentina.
JUAN
IGNACIO IRIGARAYEspecial para EL MUNDO Buenos Aires Actualizado:22/06/2015.
A Julio
Humberto Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) durante
casi durante 40 años y vicepresidente de la FIFA , sus seguidores le llamaban con reverencia
"Don Julio", pero sus detractores le espetaban "El
Padrino". Ahora que ya no está -falleció en 2014-, empiezan a salir a la
luz algunos trapos sucios. Ya la justicia de los Estados Unidos le acusó en el
escándalo de sobornos en la
FIFA. Y en la televisión argentina comienzan a exhibir
chanchullos.
El
programa periodístico "La
Cornisa " ha difundido unas escuchas telefónicas inéditas
hechas a "Don Julio" en su móvil, que demuestran actividades 'non
sanctas'. Y confirman lo que todos sabían: en el balompié de Argentina, él era
el capo.
En una de
las escuchas telefónicas, captada en 2013, Grondona manda que un partido de la
liga -San Lorenzo vs Argentinos Juniors- cambie de fecha, de domingo a lunes. Y
todo para favorecer los intereses comerciales de la transmisión televisiva. En
la conversación, mientras habla con el portavoz de la AFA , Raúl Steinberg, le
anuncia a su empleado que pasará el teléfono al empresario de marketing
deportivo Alejandro Burzaco, que está a su lado.
En ese
momento Burzaco era gerente de Torneos y Competencias SA (TyC), principal
empresa en la televisación del fútbol. Ahora Burzaco está en prisión
domiciliaria en Italia y pendiente de ser extraditado a los Estados Unidos por
su implicación en el escándalo de corrupción en la FIFA.
En
Washington le espera la fiscal general Loretta Lynch, que lo acusa de lavado de
activos y pago y cobro de sobornos, junto a los también empresarios argentinos
de marketing deportivo Hugo y Mariano Jinkins, padre e hijo, ambos detenidos en
Buenos Aires. Ellos controlaron las transmisiones por televisión del fútbol
argentino entre 1992 y 2009. Pero Grondona acordó con el gobierno de la
presidenta Cristina Fernández estatizar las transmisiones y crearon el programa
gratuito "Fútbol Para Todos". De todos modos, Burzaco conservó el
negocio de la transmisión del fútbol argentino en el exterior.
La
acusación de la fiscal Lynch no menciona a Grondona por su nombre, pero da
entender que se refiere a él cuando sostiene que un vicepresidente de la FIFA y jefe de la AFA habría acordado cobrar 15
millones de dólares en sobornos.
En otra
de las intervenciones telefónicas, Grondona habla con Abel Gnecco, presidente
del Colegio de Árbitros, y queda claro que hubo amaño en la designación del
juez del partido que Boca Juniors le ganó al Corinthians 1-0 en Brasil, por los
octavos de final de la
Copa Libertadores 2013.
También
Grondona amenaza con "hacer desaparecer" la liga profesional de la
provincia de Mendoza, donde algunos dirigentes cuestionaron sus manejos
económicos, en otra escucha a sus comunicaciones telefónicas.
Y allí
también se lo puede oír hablando con un contable. Entre ambos intercambian
información respecto de la declaración de la renta anual al fisco, por el
equivalente a unos 600.000 euros al año, y él sugiere que se haga por menos
dinero.
Las
escuchas telefónicas filtradas al programa de televisión originalmente fueron
ordenadas por la justicia. Constan en una causa penal que investiga si
existieron maniobras de lavado de dinero en las ventas de jugadores, entre
estos, los representantes y los dirigentes. Actualmente Argentina cuenta con
más de 1.600 futbolistas profesionales jugando en el exterior.
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Los chanchullos de 'don Julio' (Grondona)
martes, 5 de mayo de 2015
Oración del Padre Farinello en la apertura del 129 Período Ordinario de Sesiones del Congreso Nacional Argentino - Año 2011
![]() |
| Padre Luis Farinello |
"Señor,
venimos delante de Ti este día, para pedirte perdón y para pedir Tu dirección.
Sabemos
que Tu palabra dice: "Maldición a aquellos que llaman "bien" a
lo que está "mal" y es exactamente lo que hemos hecho. Hemos perdido
el equilibrio espiritual y hemos cambiado nuestros valores.
Hemos
explotado al pobre y hemos llamado a eso "distribución de riqueza".
Hemos
recompensado la pereza y la hemos llamado Planes Sociales".
Hemos
matado a nuestros hijos que aún no han nacido y lo hemos llamado "libre
elección".
Hemos
dejado que maten y roben y lo hemos llamado "Derechos Humanos".
Hemos
sido negligentes al disciplinar a nuestros hijos y lo hemos llamado
"desarrollar su autoestima".
Hemos
sido corruptos y abusado del poder y hemos llamado a eso "Política".
Hemos
codiciado los bienes de nuestro vecino y a eso lo lo hemos llamado "tener
ambición".
Hemos
contaminado las ondas de radio y televisión con mucha grosería y pornografía y
lo hemos llamado "Libertad de Expresión".
Hemos
ridiculizado los valores establecidos desde hace mucho tiempo por nuestros
ancestros y a esto lo hemos llamado "obsoleto y pasado".
¡Oh Dios!
Mira en lo profundo de nuestros corazones; purificarnos y libéranos de nuestros
pecados.
Amén.
viernes, 3 de abril de 2015
El piloto que hundió el Sheffield
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| Augusto Bedacarratz en el 2002 |
EL BLOG OPINA
El 2 de abril de 1982, dió comienzo a la Guerra de la Malvinas y se cumplen 33 años de ese acontecimiento. Valga el presente testimonio como homenaje a aquellos valientes hombres que supieron dejar en alto los valores patrióticos,
Escribe el enviado especial de la BBC a Buenos Aires, Maximiliano Seitz. 26 de marzo de 2002
La Escuadrilla Naval de Caza y Ataque en la base de Río Grande, 20 años atrás.por
"A los familiares de los que murieron en el destructor Sheffield les diría que lamento muchísimo haber sido uno de los causantes de su dolor, que seguramente lo tuvieron y muy grande".
En la acción que él lideró, ocurrida el 4 de mayo de 1982, murieron 20 marinos y otros 24 resultaron heridos. El Sheffield terminó de entregarse a las aguas seis días después de ser alcanzado.
Augusto Bedacarratz asegura que no considera su acción como un acto heroico.
Augusto Bedacarratz asegura que no considera su acción como un acto heroico.
Para el Reino Unido se trató del primer buque militar hundido en combate tras la Segunda Guerra Mundial. Además, el ataque complicó las operaciones aeronavales de Londres en el Atlántico Sur, según reconoció el entonces jefe de la Fuerza de Tareas (Task Force), el vicealmirante Sandy Woodward.
Bedacarratz - en el 2002 era un empresario de 58 años, casado y con tres hijos- recuerda en una entrevista con la BBC que el azar quiso que él encabezara la misión.
"El 4 de mayo nos despertaron temprano con la orden de que teníamos que realizar la operación, para la cual nos habíamos preparado durante semanas", explica.
"El 4 de mayo nos despertaron temprano con la orden de que teníamos que realizar la operación, para la cual nos habíamos preparado durante semanas", explica.
"Un avión explorador que había despegado a las cinco de la mañana ya había detectado el blanco. En ese momento la pareja de pilotos que estaba de turno éramos el teniente Armando Mayora y yo. Rápidamente nos alistamos para salir".
Sin tiempo para el temor
Los pilotos argentinos pertenecían a la Escuadrilla Naval de Caza y Ataque, que poseía aviones franceses Super Etendard y tenía su base en Río Grande, Tierra del Fuego, en el sur de Argentina.
Según Bedacarratz, el día de la misión era imposible detenerse en las propias sensaciones más allá de la tensión:
"Trabajamos en silencio, muy concentrados en los pasos por seguir. Eran tantos los preparativos que no había tiempo para el temor y la angustia, a pesar de que la operación era altamente peligrosa y nunca antes habíamos disparado misiles Exocet".
Según Bedacarratz, el día de la misión era imposible detenerse en las propias sensaciones más allá de la tensión:
"Trabajamos en silencio, muy concentrados en los pasos por seguir. Eran tantos los preparativos que no había tiempo para el temor y la angustia, a pesar de que la operación era altamente peligrosa y nunca antes habíamos disparado misiles Exocet".
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| Augusto Bedacarratz en 1982 a bordo del cazabombardero con el que intervino en las acciones Misil Exocet |
Los misiles Exocet fueron una pesadilla para la marina británica.
Una vez que los dos Super Etendard despegaron, en condiciones climáticas adversas, los pilotos no dialogaron hasta que detectaron por radar la formación de buques británicos, que se encontraban a 20 millas náuticas y por lo tanto eran invisibles para ellos.
"Ahí rompimos el silencio, intercambiamos información y di la orden de lanzar -recapitula Bedacarratz-. El misil que yo llevaba salió cuatro segundos después de que apreté el botón.
"Ese lapso fue terrible para mí, porque me pareció una eternidad. Mayora no había escuchado mi orden, pero al ver que yo lancé el Exocet él también lo hizo".
Bedacarratz dice que, para él y su compañero, todo ocurrió velozmente, casi mecánicamente, con una sola cosa en mente:
"Al apretar el botón no nos pusimos a pensar en las muertes que podíamos causar. No es que fuéramos insensibles; sólo estábamos tratando de cumplir una misión, de neutralizar un buque que nos estaba complicando. No teníamos nada personal contra nadie"
¿Héroes?
Enseguida se olvidaron de los misiles, giraron y procuraron regresar a la base. Pero antes volaron en dirección a la Antártida para despistar al enemigo, a máxima velocidad y a 15 metros del mar, algo sumamente riesgoso.
Una vez que los dos Super Etendard despegaron, en condiciones climáticas adversas, los pilotos no dialogaron hasta que detectaron por radar la formación de buques británicos, que se encontraban a 20 millas náuticas y por lo tanto eran invisibles para ellos.
"Ahí rompimos el silencio, intercambiamos información y di la orden de lanzar -recapitula Bedacarratz-. El misil que yo llevaba salió cuatro segundos después de que apreté el botón.
"Ese lapso fue terrible para mí, porque me pareció una eternidad. Mayora no había escuchado mi orden, pero al ver que yo lancé el Exocet él también lo hizo".
Bedacarratz dice que, para él y su compañero, todo ocurrió velozmente, casi mecánicamente, con una sola cosa en mente:
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| Cap./navío Augusto Bedacarratz en la Base de Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina 1982 |
¿Héroes?
Enseguida se olvidaron de los misiles, giraron y procuraron regresar a la base. Pero antes volaron en dirección a la Antártida para despistar al enemigo, a máxima velocidad y a 15 metros del mar, algo sumamente riesgoso.
Si me preguntan, no sé exactamente cuántas personas murieron ni cuántas resultaron heridas. Prefiero no pensar en eso. Ojalá se hubiera hundido el buque sin pérdida de vidas".
"Cuando llegamos a la base nos recibieron con una alegría muy especial. Festejamos por el éxito técnico de la misión, porque logramos lanzar los Exocet", cuenta Bedacarratz.
"Cuando llegamos a la base nos recibieron con una alegría muy especial. Festejamos por el éxito técnico de la misión, porque logramos lanzar los Exocet", cuenta Bedacarratz.
"No sabíamos con certeza si habíamos dado en el blanco. Era probable que así fuera, a no ser que los británicos hubiesen interceptado los misiles. La confirmación nos llegó mucho después. Ojalá se hubiera hundido el buque sin pérdida de vidas".
Y prosigue: "Si me preguntan, no sé exactamente cuántas personas murieron ni cuántas resultaron heridas. Prefiero no pensar en eso".
Bedacarratz asegura que ni hoy ni en aquel momento ha considerado el ataque al Sheffield como un acto heroico.
"Sigo sosteniendo que nuestro logro fue más bien técnico, porque conseguimos emplear un sistema de misiles de punta. Tratamos de cumplir con aquello para lo que nos habíamos preparado y actuar profesionalmente", insiste.
Y prosigue: "Si me preguntan, no sé exactamente cuántas personas murieron ni cuántas resultaron heridas. Prefiero no pensar en eso".
Bedacarratz asegura que ni hoy ni en aquel momento ha considerado el ataque al Sheffield como un acto heroico.
"Sigo sosteniendo que nuestro logro fue más bien técnico, porque conseguimos emplear un sistema de misiles de punta. Tratamos de cumplir con aquello para lo que nos habíamos preparado y actuar profesionalmente", insiste.
miércoles, 21 de enero de 2015
"asesinato de Alberto Nisman". The Washington Times dice que EE.UU. y Europa deben sancionar al país por el,
Miércoles
21 de enero de 2015 | 19:53
The
Washington Times dice que EE.UU. y Europa deben sancionar al país por el
"asesinato de Alberto Nisman"
"La Argentina ha sufrido un
proceso de chavización bajo la presidencia de Kirchner y se está convirtiendo
en un régimen autoritario dentro de una frágil democracia", asegura en una
columna que trata al fiscal muerto de "un héroe de gran valor".
The
Washington Times y su fuerte crítica por el caso Nisman.
La prensa
internacional se hace eco de la noticia de la muerte del fiscal Alberto Nisman
ocurrida el fin de semana último, en medio de las implicancias por la
investigación del atentado a la sede mutual judía AMIA en 1994.
Tal como
ocurrió hoy con el prestigioso The New York Times, que hace un llamado para que
se instituya una "investigación internacional" a cargo de juristas
sobre el atentado de la AMIA ,
a la vez que llama la atención sobre la "sospechosa muerte" del
fiscal Alberto Nisman .
Pero el
diario conservador estadounidense The Washington Times fue más allá de la
simple especulación o crítica hacia el sistema político argentino y las
sospechas que puede causar la muerte del fiscal un día antes de su presentación
con un vasto informe en el Congreso denunciando a la presidenta Cristina
Kirchner, entre otros.
En una
fuerte editorial del autor Luis Fleischman, el diario asegura en el título que
"las naciones occidentales deben sancionar y aislar a los líderes
argentinos", mientras que da por sentado que el fiscal "fue
asesinado", sin mediar las dudas de un suicidio.
"La Argentina ha sufrido un
proceso de chavización bajo la presidencia de Kirchner. Se está convirtiendo en
un régimen autoritario dentro de una frágil democracia, con una ideología muy
anti estadounidense", asegura la columna. Y prosigue : "El asesinato
tuvo lugar poco antes de las sesiones del Congreso, donde se suponía que el
fiscal iba a presentar pruebas denunciando la participación de la presidenta
Cristina Kirchner y el canciller Héctor Timmerman".
HÉROE DE
GRAN VALOR
"El
señor Nisman fue un héroe, un hombre de gran valor en un país donde reina la
impunidad", manifiesta Fleischman en su artículo, al tiempo que sostiene
que el fiscal "tenía fuertes conexiones en los Estados Unidos".
Por
último, el autor da por sentada la relación entre Argentina e Irán y concluye:
"La relación entre ambos países no es simplemente para resolver un
problema económico. Es también una posición ideológica del gobierno argentino,
que se solidariza con Irán y su antiamericanismo".
"Los
Estados Unidos deben suspender las visas a los miembros del gobierno argentino
(así como otros gobiernos de América Latina, principalmente de países del ALBA
y Brasil) y sus instituciones de seguridad como un medio para ejercer presión
sobre el gobierno argentino", afirma Fleischman, y llama a una rebelión
contra el país: "Hay que trabajar con Europa para que lo que los líderes
argentinos sean considerados personas no gratas"..
domingo, 17 de agosto de 2014
Las cartas de Calfucurá
La leyenda negra de Julio Roca asegura que el Ejército
argentino asesinó masivamente a los indios indefensos de Pampa y Patagonia,
barriéndolos de sus tierras. La realidad histórica demuestra que las indiadas
argentinas y chilenas ejercían el imperium sobre el interior de Buenos Aires, la Pampa , San Luis, Mendoza,
Córdoba y la Patagonia
con la jefatura del cacique general Juan Calfucurá, que entró a nuestro país en
1833. Su influencia llegaba a los jefes Catriel, Coliqueo, Yanquetruz, Painé,
Pichún Guala y demás úlmenes. Las relaciones de poder entre indios y cristianos
pueden entenderse claramente si leemos las cartas de aquel tiempo, que se publicaban
en diarios como La Prensa ,
El Orden o El Nacional.
El
diario El Orden, de Bahía Blanca, reproduce en sus ediciones del 3 y el 4 de
mayo tres cartas del cacique Calfucurá, con fecha 25 de abril, dirigidas por
chasques (mensajeros a caballo) para entregar al mayor Manuel Iturra. El
cacique reclama seguridad para sus mensajeros y la devolución del indio
prisionero Martín con sus dos caballos, uno tordillo y el otro oscuro,
capturados recientemente por las tropas. Y hace pedidos de la más diversa índole:
"Que regale a esos chasques los objetos que indica, así como a muchos
caciques a los que es necesario contentar"; "que con los chasques le
mande un guitarrero, que sea bueno para divertirse con los indios, en nombre de
la buena paz, que el guitarrero no tenga miedo de ir, porque los indios son
buenos"; "que así que se hagan las paces, se deben prohibir las
estancias en Sauce Grande, Pillahuincó e Indio Rico, porque los indios ladrones
van a robar ganado, y después le echan la culpa a Calfucurá"; otros objetos
que pide: ponchos, chiripaes, bayeta, yerba, azúcar, tabaco, espejos para las
indias, cohetes, cuatro banderas, cuarenta naipes finos y una música que tenga
buenas voces".
El tono implorante de la carta de los militares argentinos indica
claramente quién tenía el poder en aquella tierra, al menos durante 1856: Juan
Calfucurá
Algunos
de los párrafos textuales: "Olvidaré todo y tratemos de arreglarnos, pues
los que murieron, murieron. Y ahora vamos a hacer buenas paces para siempre. Yo
no tengo padre ni madre ni hermanos que me lloren, y estaba dispuesto a
hacerles siempre la guerra, y no dejarlos prosperar, pero me conduelen tantos
infelices que no tienen culpa. Padecen y mueren inocentemente, y es por eso que
quiero hacer las paces; don Manuel, sabrá usted que estoy esperando como cinco
mil indios que había mandado venir yo, y ahora , como vamos a hacer las paces,
tengo que hacerlos volver a sus destinos y para medios contentarlos pido a V.
me mande dos carretas con géneros. amigo Iturra, no se le haga mucho dos
carretas de negocio, yo les voy a dar prendas de plata, mantas y otros regalos.
Sobre lo que le pido no haga usted saber al gobierno, pues nosotros podemos muy
bien entendernos."
El
redactor de la carta que dictaba Calfucurá era un señor chileno de apellido
Valdés, quien asimismo ruega por su parte a los señores Iturra y Susviela que
publiquen en los diarios de Bahía Blanca o Buenos Aires un anuncio, diciendo
que el señor José Valdés, su hermano, se encuentra con vida y también
prisionero en los toldos de Salinas Grandes.
Explica
el diario de Bahía Blanca que, al hablar de cinco mil indios, el jefe se
refiere a los lanceros que vendrían de Chile a las órdenes de su propio hermano
Reuquecurá, que participaba asiduamente de los malones. Alardea, pues, de su
poder de convocatoria, con amenaza implícita en caso de una negativa. En cuanto
al pedido de que se impidiera el asentamiento de estancias en los ríos que
desaguaban en el Atlántico, era imposible, pues esos campos ya estaban en plena
labor.
![]() |
| Una familia Mapuche |
Se
produjeron largos parlamentos, con indios y cristianos. Se encargó a los
chasques que, una vez entregada la carta de respuesta a Calfucurá, aguardaran
14 días y trajeran de regreso a los cautivos blancos allí existentes.
Participaba de la comitiva (nada menos) el hijo del mayor Iturra, que serviría
de perfecto rehén, a la primera diferencia. Pero, al mismo tiempo que esto
sucedia, el cacique Calfucurá tenía a su propio hijo Manuel Pastor estudiando
en el Colegio Catedral al Norte de la ciudad de Buenos Aires, con el maestro
Francisco Larguía. Otro rehén, esta vez indio en manos de blancos. Lo cual
sugiere que Calfucurá tenía total dominio de la situación, y nada temía.
Esta
fue la respuesta:
"Comandancia
Militar de Bahía Blanca, abril 29 de 1856.
Al
gran cacique Calfucurá:
¡Mi
hermano y amigo! Al recibir a tus capitanejos y darles mi mano derecha, te daba
mi buen corazón como prueba de que yo, Iturra, mi plana mayor de oficiales,
todos los habitantes del Pueblo y mis soldados gustosamente mantendremos la paz
que debe haber entre todos, que somos hermanos y de una misma tierra.
Todas
tus cartas las mandé por un barco que despaché al gobernador, porque era
preciso que él también estuviera muy contento al saber que también deseas ser
su hermano y amigo. Tus capitanejos, que mandaste aquí de parlamento, te dirán
si yo e Iturra tenemos buen corazón para con tus mujeres, tus caciquillos, tus
capitanes y tus indios, te dirán también que estamos muy pobres. Hemos buscado
todo lo que podíamos encontrar para mandarles algo a todos.
En
tu carta pedís a tu hermano, el mayor Iturra, que mande a su hijo Manuel. El va
allá y en esto ves que cuanto Iturra dice y yo digo es de corazón.
Me
mandás pedir al prisionero que yo tengo. Te lo mando sin esperar que vos, mi
hermano y amigo Calfucurá, me mandes a las pobres cautivas que están llorando
sus padres y sus madres. Pero ahora yo te pido, como hermano y amigo, me las
mandes para probarme que nuestras manos derechas y nuestros corazones ya están
juntos siempre, y sabe mi hermano y amigo Calfucurá que nuestro buen
gobernador, don Pastor Obligado, que ya también es tu amigo, llorará de
contento cuando vos, mi hermano y amigo, le mandes a las pobres cautivas. Y
entonces él dirá: ´Ya no hay en mi tierra quien tenga que llorar´.
Te
mando estos cuatro pasaportes para que tus chasques puedan andar con seguridad
y que los mandes a negocio, que por todos nosotros serán bien recibidos, y yo e
Iturra los cuidaremos como buenos hermanos y amigos.
Adiós
mi amigo y hermano. Te saludo a vos, tus mujeres, tus caciquillos, capitanejos
y tus indios. Yo, el comandante Iturra, mi plana de oficiales y todos los
habitantes del pueblo, asiéndote la mano derecha en prueba de que somos
hermanos y amigos.
Manuel
Iturra, el sargento Pedro Lescano y los cuatro indios le manifestarán a mi
hermano, ya amigo, la sincera amistad que todos te profesamos, y te suplico que
me los trates bien, pues nosotros hemos hecho lo mismo con los tuyos.
Juan
Susviela, a ruego el mayor Iturra".
El
tono implorante de la carta de los militares argentinos indica claramente quién
tenía el poder en aquella tierra, al menos durante 1856: Juan Calfucurá. El
gran cacique murió 15 años antes de la Conquista del Desierto. Fue sucedido por su hijo
Manuel Namuncurá. El beato Cederino Namuncurá era su nieto.
![]() |
| Ceferino Namuncurá |
Información: "Viejito
Porteño", de Jorge Luis Rojas Lagarde, Elefante Blanco, 2007..
domingo, 13 de julio de 2014
La careta del gigante
OPINIÓN
Juan Yáñez
El Mundial de Fútbol 2014, celebrado en Brasil, lejos de ser un acontecimiento deportivo, se convirtió para sus organizadores en un termómetro para medir la temperatura de la política nacional.
De malos políticos está el mundo lleno, son más dañinos que las plagas, pero ellos se creen, (o no se lo creen y nos engañan) los salvadores del mundo y sus electores también. En esta última apreciación radican los potenciales males de las sociedades modernas.
No es posible que las democracias sean solo fachadas bonitas , cuando en su interior todo luce en la más abominable podredumbre que la corrupción engendra. Brasil es un ejemplo de como se gobierna mal. Lula un bandido que jala más que un dínamo, pero nada más. La Rousseff, quien creía que para gobernar solo bastaba con mandar y como en los aviones, poner a funcionar el piloto automático. Ahora paga las consecuencias de su incapacidad. No basta tener un pasado guerrillero, o haber sido un sindicalista medio carismático para presidir un país.
Ningún país que se precie, se gobierna acertadamente, con improvisados líderes de cartón pintado, campeones en populismo o demagogos de cuarta categoría. Otrora a BrasilL no le faltaron grandes estadistas, hoy está tan contaminado como otros países de la región. La reflexión es el recurso de los sabios, quienes fácilmente dilucidaron, que la modestia es signo de grandeza y la soberbia lo es de ignorancia. Caminos equivocados los hay por doquier y equivocados de oficio aún son más. Ahora lo que queda es recoger los vidrios rotos y tratar de remendar el capote, o lo que quedó de él.
...........................
MARIO VARGAS LLOSA 13 JUL 2014 - EL PAÍS ESPAÑA
El mito de la ‘Canarinha’ nos hacía soñar hermosos sueños. Pero en el fútbol como en la política es malo vivir soñando y siempre preferible atenerse a la verdad, por dolorosa que sea.
Juan Yáñez
El Mundial de Fútbol 2014, celebrado en Brasil, lejos de ser un acontecimiento deportivo, se convirtió para sus organizadores en un termómetro para medir la temperatura de la política nacional.
De malos políticos está el mundo lleno, son más dañinos que las plagas, pero ellos se creen, (o no se lo creen y nos engañan) los salvadores del mundo y sus electores también. En esta última apreciación radican los potenciales males de las sociedades modernas.
No es posible que las democracias sean solo fachadas bonitas , cuando en su interior todo luce en la más abominable podredumbre que la corrupción engendra. Brasil es un ejemplo de como se gobierna mal. Lula un bandido que jala más que un dínamo, pero nada más. La Rousseff, quien creía que para gobernar solo bastaba con mandar y como en los aviones, poner a funcionar el piloto automático. Ahora paga las consecuencias de su incapacidad. No basta tener un pasado guerrillero, o haber sido un sindicalista medio carismático para presidir un país.
Ningún país que se precie, se gobierna acertadamente, con improvisados líderes de cartón pintado, campeones en populismo o demagogos de cuarta categoría. Otrora a BrasilL no le faltaron grandes estadistas, hoy está tan contaminado como otros países de la región. La reflexión es el recurso de los sabios, quienes fácilmente dilucidaron, que la modestia es signo de grandeza y la soberbia lo es de ignorancia. Caminos equivocados los hay por doquier y equivocados de oficio aún son más. Ahora lo que queda es recoger los vidrios rotos y tratar de remendar el capote, o lo que quedó de él.
...........................
MARIO VARGAS LLOSA 13 JUL 2014 - EL PAÍS ESPAÑA
El mito de la ‘Canarinha’ nos hacía soñar hermosos sueños. Pero en el fútbol como en la política es malo vivir soñando y siempre preferible atenerse a la verdad, por dolorosa que sea.
Me apenó
mucho la cataclísmica derrota de Brasil ante Alemania en la semifinal de la Copa del Mundo, pero confieso
que no me sorprendió tanto. De un tiempo a esta parte, la famosa Canarinha se
parecía cada vez menos a lo que había sido la mítica escuadra brasileña que
deslumbró mi juventud y esta impresión se confirmó para mí en sus primeras
presentaciones en este campeonato mundial, donde el equipo carioca dio una
pobre imagen haciendo esfuerzos desesperados para no ser lo que fue en el
pasado sino jugar un fútbol de fría eficiencia, a la manera europea.
No
funcionaba nada bien; había algo forzado, artificioso y antinatural en ese
esfuerzo, que se traducía en un desangelado rendimiento de todo el cuadro,
incluido el de su estrella máxima, Neymar. Todos los jugadores parecían
embridados. El viejo estilo —el de un Pelé, Sócrates, Garrincha, Tostao, Zico—
seducía porque estimulaba el lucimiento y la creatividad de cada cual, y de
ello resultaba que el equipo brasileño, además de meter goles, brindaba un
espectáculo soberbio, en que el fútbol se trascendía a sí mismo y se convertía
en arte: coreografía, danza, circo, ballet.
Los
críticos deportivos han abrumado de improperios a Luiz Felipe Scolari, el
entrenador brasileño, al que responsabilizan de la humillante derrota por haber
impuesto a la selección carioca una metodología de juego de conjunto que
traicionaba su rica tradición y la privaba de la brillantez y la iniciativa que
antes eran inseparables de su eficacia, convirtiendo a los jugadores en meras
piezas de una estrategia, casi en autómatas. Sin embargo, yo creo que la culpa
de Scolari no es solo suya sino, tal vez, una manifestación en el ámbito
deportivo de un fenómeno que, desde hace algún tiempo, representa todo el
Brasil: vivir una ficción que es brutalmente desmentida por una realidad
profunda.
No hubo
ningún milagro en los años de Lula, sino un espejismo que ahora comienza a
despejarse
Todo nace
con el Gobierno de Lula da Silva (2003-2010), quien, según el mito universalmente
aceptado, dio el impulso decisivo al desarrollo económico de Brasil,
despertando de este modo a ese gigante dormido y encarrilándolo en la dirección
de las grandes potencias. Las formidables estadísticas que difundía el
Instituto Brasileño de Geografía y Estadística eran aceptadas por doquier: de
49 millones, los pobres bajaron a ser sólo 16 millones en ese período y la
clase media aumentó de 66 a
113 millones. No es de extrañar que, con estas credenciales, Dilma Rousseff,
compañera y discípula de Lula, ganara las elecciones con tanta facilidad. Ahora
que quiere hacerse reelegir y que la verdad sobre la condición de la economía
brasileña parece sustituir al mito, muchos la responsabilizan a ella de esa
declinación veloz y piden que se vuelva al lulismo, el Gobierno que sembró, con
sus políticas mercantilistas y corruptas, las semillas de la catástrofe.
La verdad
es que no hubo ningún milagro en aquellos años, sino un espejismo que sólo
ahora comienza a despejarse, como ha ocurrido con el fútbol brasileño. Una
política populista como la que practicó Lula durante sus Gobiernos pudo
producir la ilusión de un progreso social y económico que era nada más que un
fugaz fuego de artificio. El endeudamiento que financiaba los costosos
programas sociales era, a menudo, una cortina de humo para tráficos delictuosos
que han llevado a muchos ministros y altos funcionarios de aquellos años (y los
actuales) a la cárcel o al banquillo de los acusados. Las alianzas
mercantilistas entre Gobierno y empresas privadas enriquecieron a buen número
de funcionarios y empresarios, pero crearon un sistema tan endemoniadamente
burocrático que incentivaba la corrupción y ha ido desalentando la inversión.
De otro lado, el Estado se embarcó muchas veces en faraónicas e irresponsables
operaciones, de las que los gastos emprendidos con motivo de la Copa Mundial de
Fútbol son un formidable ejemplo.
El
Gobierno brasileño dijo que no habría dineros públicos en los 13.000 millones
que invertiría en el Mundial de fútbol. Era mentira. El BNDS (Banco Brasileño
de Desarrollo) ha financiado a casi todas las empresas que ganaron las obras de
infraestructura y que, todas ellas, subsidiaban al Partido de los Trabajadores
actualmente en el poder. (Se calcula que por cada dólar donado han obtenido
entre 15 y 30 dólares en contratos).
Las obras
mismas constituían un caso flagrante de delirio mesiánico y fantástica
irresponsabilidad. De los 12 estadios acondicionados sólo se necesitaban ocho,
según advirtió la propia FIFA, y la planificación fue tan chapucera que la
mitad de las reformas de la infraestructura urbana y de transportes debieron
ser canceladas o sólo serán terminadas ¡después del campeonato! No es de
extrañar que la protesta popular ante semejante derroche, motivado por razones
publicitarias y electoralistas, sacara a miles de miles de brasileños a las
calles y remeciera a todo el Brasil.
Las
cifras que los organismos internacionales, como el Banco Mundial, dan en la
actualidad sobre el futuro inmediato del Brasil son bastante alarmantes. Para este
año se calcula que la economía crecerá apenas un 1,5%, un descenso de medio
punto sobre los últimos dos años en los que sólo raspó el 2% . Las perspectivas
de inversión privada son muy escasas, por la desconfianza que ha surgido ante
lo que se creía un modelo original y ha resultado ser nada más que una
peligrosa alianza de populismo con mercantilismo y por la telaraña burocrática
e intervencionista que asfixia la actividad empresarial y propaga las prácticas
mafiosas.
Las obras
del Mundial de fútbol han sido un caso flagrante de delirio e irresponsabilidad
Pese a un
horizonte tan preocupante, el Estado sigue creciendo de manera inmoderada —ya
gasta el 40% del producto bruto— y multiplica los impuestos a la vez que las
“correcciones” del mercado, lo que ha hecho que cunda la inseguridad entre
empresarios e inversores. Pese a ello, según las encuestas, Dilma Rousseff
ganará las próximas elecciones de octubre, y seguirá gobernando inspirada en
las realizaciones y logros de Lula da Silva.
Si es
así, no sólo el pueblo brasileño estará labrando su propia ruina y más pronto
que tarde descubrirá que el mito en el que está fundado el modelo brasileño es
una ficción tan poco seria como la del equipo de fútbol al que Alemania
aniquiló. Y descubrirá también que es mucho más difícil reconstruir un país que
destruirlo. Y que, en todos estos años, primero con Lula da Silva y luego con
Dilma Rousseff, ha vivido una mentira que irán pagando sus hijos y sus nietos,
cuando tengan que empezar a reedificar desde las raíces una sociedad a la que
aquellas políticas hundieron todavía más en el subdesarrollo. Es verdad que
Brasil había sido un gigante que comenzaba a despertar en los años que lo
gobernó Fernando Henrique Cardoso, que ordenó sus finanzas, dio firmeza a su
moneda y sentó las bases de una verdadera democracia y una genuina economía de
mercado. Pero sus sucesores, en lugar de perseverar y profundizar aquellas
reformas, las fueron desnaturalizando y regresando el país a las viejas
prácticas malsanas.
No sólo
los brasileños han sido víctimas del espejismo fabricado por Lula da Silva,
también el resto de los latinoamericanos. Porque la política exterior del
Brasil en todos estos años ha sido de complicidad y apoyo descarado a la
política venezolana del comandante Chávez y de Nicolás Maduro, y de una
vergonzosa “neutralidad” ante Cuba, negándoles toda forma de apoyo ante los
organismos internacionales a los valerosos disidentes que en ambos países
luchan por recuperar la democracia y la libertad. Al mismo tiempo, los
Gobiernos populistas de Evo Morales en Bolivia, del comandante Ortega en
Nicaragua y de Correa en el Ecuador —las más imperfectas formas de Gobiernos
representativos en toda América Latina— han tenido en Brasil su más activo
valedor.
Por eso,
cuanto más pronto caiga la careta de ese supuesto gigante en el que Lula habría
convertido al Brasil, mejor para los brasileños. El mito de la Canarinha nos hacía
soñar hermosos sueños. Pero en el fútbol como en la política es malo vivir
soñando y siempre preferible —aunque sea dolorosa— atenerse a la verdad.
Derechos
mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL,
2014.
© Mario
Vargas Llosa, 2014.
lunes, 12 de mayo de 2014
Ernesto Che Guevara: Mito y Realidad
En fin, el gran número de
asesinatos, torturas, detenciones ilegales, etc., perpetrados entre las propias
izquierdas, fueron bajo la responsabilidad del asesino: Che Guevara.
Por Enrique Ros
Se cumplen estos días 38
años de la muerte del guerrillero argentino que cubrió de sangre y crueldad
todos los caminos por él recorridos. Para destruir el mito que se ha tejido con
su imagen publicamos, años atrás, un serio estudio biográfico en el que toda
afirmación está documentada. Una biografía que se esfuerza en dar a conocer el
verdadero rostro de un personaje sobre quien tanto se ha escrito. Una biografía
desprovista de los empalagosos elogios; los más, infundados y repetidos, con
los que se nos ha mostrado la imagen de un Ernesto Guevara irreal, inexistente.
Dimos a conocer al joven que, en su patria nativa formaba parte de las tropas
de choque peronista que gritaban: "Haga patria, mate a un
estudiante"; pero que, luego, alardeará de su antiperonismo. Al supuesto
idealista quien, al viajar, indolente, por el continente, alienta a sus padres
a ir a Colombia y Venezuela "los dos países ideales para hacer
plata"; mientras él se dirige "rumbo a Guatemala a la aventura en
cuestión monetaria".Podemos ver al austero Guevara, en ese viaje, costeado
por la explotadora "United Fruit", disfrutando la travesía "con
una negrita, Socorro, más puta que una gallina y sólo tenía dieciseis
años".
Un Guevara que, en México,
cuando los futuros expedicionarios son arrestados, informa a sus captores los
nombres de todos los que se encuentran en el campamento, en marcado contraste
con el coronel Alberto Bayo quien, ante igual pretensión, respondió: "Yo
no me presto ni me prestaré a señalar nombres...a acusar a ninguno, ni que
hurguen ustedes sobre nuestro movimiento, que es el de toda la nación
cubana".Mostramos al hombre que llega "a Cuba sediento de
sangre" quien con su propia mano y a sangre fría, recién desembarcado, es
el primero en ejecutar a un cubano. El hombre que aplicará, desde ese momento,
son sus palabras, "el odio como factor de lucha; el odio intransigente
contra el enemigo". Mostraremos al prejuiciado hombre de ciudad que ve
"en cada campesino a un chivato".Vemos, ya en Cuba, a un Guevara que
pudo llegar y mantenerse en Las Villas gracias a la mayor habilidad guerrillera
de Camilo Cienfuegos. Lo mostraremos en La Cabaña ordenando fusilamientos, con o sin causa.
Con juicio o sin juicio. Al orgulloso Guevara escribiéndole a Castro-como
precio para que se le permitiera salir de la isla- que "mi única
falta...es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos en la Sierra Maestra.. .".
Sumiso, también, con
Kabila en el Congo, de quien confía "me dé un chance de hacer
algo...".A un hombre responsabilizando a otros de sus propios fracasos, de
sus derrotas. "Los congoleses no quieren pelear". "Los africanos
son soldados muy, muy malos". Los cubanos, para él, no eran mejores:
"En nuestros combates, a los errores míos se agregan las debilidades
graves de los combatientes cubanos...". Su aventura en el Congo, tendrá
que admitirlo el guerrillero de sangre azul, es "la historia de un
fracaso".Repetirá sus errores, al precio de su propia vida, en Bolivia. En
el país suramericano, veremos a un Guevara engañando, traicionando a los
dirigentes del Partido Comunista de Bolivia quienes, a su vez, conociendo su
doblez, lo abandonan.
Un Guevara ignorado por
Castro, quien habiendo reunido en La
Habana , en la
Conferencia de OLAS, a todos los dirigentes de la izquierda
latinoamericana no les informa de la crítica situación en que se encuentra el
guerrillero argentino ni les pide su cooperación para asistirlo. Un Guevara que
en la selva boliviana expresa, en sus evaluaciones, el menosprecio por los
hombres de su propia guerrilla: Orlando Pantoja, "deficiente...poca
iniciativa"; Antonio Sánchez Díaz (Marcos, Pinares),
"indisciplinado...con poca autoridad". Vásquez-Viaña,
"irresponsable". Saldaña, "deficiente". Camba "de una
cobardía manifiesta". Walter, "demostró muy poco valor". Todos,
menos él, imperfectos, deficientes. No puede extrañarnos que muchos de los que
hoy cantan loas a su memoria se distanciaran de este ingrato personaje en tan
difícil momento. Comprensiblemente, el último abandono lo sufre Guevara de sus
hombres que, en la Quebrada
del Yuro, se alejan dejándolo herido e indefenso, para morir, solo y aislado,
en la pequeña escuela de La
Higuera víctima de sus propios errores. Es ésta una biografía
distinta -real, documentada, desprovista de fantasía- que prueba, también, que
aún los que estuvieron junto a él en la Quebrada del Yuro -y que llegarán a ser altos
jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias- guardan, en los extensos libros
que han escrito, pudoroso silencio sobre aquellas horas finales de quien en
aquel momento, se sintió abandonado. El orgulloso y altanero descendiente del
Marqués de Guevara, que siempre se considero superior a quienes lo rodeaban,
murió abandonado por los hombres que él había menospreciado. Hoy el Instituto
de la Memoria
Histórica contra el Totalitarismo ha realizado otro serio
aporte a la demitificación de Ernesto (Ché) Guevara para mostrar, en un
documental que se presentará en distintos países y ciudades, el verdadero
rostro de este despiadado y fracasado aventurero.
Enrique Ros, historiador y
periodista cubano. Entre sus obras estám: "Girón: la Verdadera Historia ",
"De Girón a la Crisis
de los Cohetes, "Años Críticos: del camino de la acción al camino del
entendimiento", "Cubanos Combatientes: peleando en distintos
frentes", "La
Aventura Africana de Fidel Castro" , etc
Publicado por Redacción
LiberPress en 8:34:00
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Deconstrucción de un mito.
Por Elizabeth Burgos
A más de treinta años de
su muerte, la figura de Ernesto Guevara de la Serna sigue siendo una fuente poderosa de
proyección de fantasmas que por su anacronismo se adelantó a la estética
post-moderna, convirtiéndose en una de sus figuras emblemáticas. La mayor
paradoja de la vigencia de un entusiasmo tan persistente, es la de tratarse de
una figura que en su corta vida pública - apenas diez años - acumuló más
fracasos que aciertos. La otra vertiente de la paradoja es que si hubiese
logrado materializar su proyecto en poder, hubiera generado, por su extensión -
nada menos que todo el continente latinoamericano - uno de los regímenes
totalitarios más extensos del planeta.
Pese a la ideología del
éxito que hoy impera, lo que parece despertar la admiración que se le profesa,
es precisamente su condición de víctima, y de perdedor.
Perdió ante los
economistas en su intento de imponer un sistema de producción destinado al
imperativo del surgimiento del “hombre nuevo”; ocasionando de paso, que su
corta incursión por la gestión económica, marcara el rumbo del desastre
económico cubano. En lo político, su lucha en pos del surgimiento de una
sociedad ideal, se estrelló contra la realidad que imponen las normas
culturales, producto de siglos de historia, por lo que el "hombre
nuevo" nunca vio la luz en Cuba. Es sabido que las normas que rigen una
sociedad, no se transforman por simple decreto, ni atendiendo a mandatos
voluntarios (la transformación de un cuerpo social, pese al voluntarismo más
exacerbado, termina imponiendo los imperativos que le son propios.) Y por
último, en lo militar, y por haber constituido el sustento mayor de su acción,
significa el más rotundo de sus fracasos. El desenlace patético en el Congo, y
el no menos dramático en Bolivia que le costó la vida, lo demuestran.
La segunda constatación,
más sorprendente aún, es la desproporción existente entre la admiración que se
le profesa en sectores anticonformistas y libertarios, y el dogmatismo de su
postura ideológica. Estos, reacios a toda autoridad parecen ignorar que la
acción política de Ernesto Guevara se apoyaba en un dogmatismo inflexible que
de haberse convertido en poder, hubiesen sido ellos sus primeras víctimas. No
se debe olvidar que el primer campo de trabajo de reeducación que se abrió
después de la revolución, destinados a aquellos que faltasen a la moral
revolucionaria, fue iniciativa del Che.
Su personalidad
intransigente defensor inquebrantable de su fe lo acercaban más del estilo de
un Savonarola que del líder libertario al que se le suele asimilar. No son pues
ni los triunfos ni su idea de sociedad lo que mantiene la vigencia de esa
figura. Es más bien la orfandad ideológica en la que se debate el mundo de hoy,
regido por la impostura y la corrupción, la que conduce al culto que se profesa
al hombre que marcó una época por haber sido consecuente al extremo con los
preceptos de su prédica. Ante la carencia actual de figuras en donde apoyar la
necesidad arcaica de los hombres de contar con un guía con quien identificarse
o un redentor que les marque un camino, la figura del Che Guevara aparece como
un aliciente; suerte de reserva afectiva, refugio protector en donde guarecer
la espera de tiempos mejores.
Desde que se anunció el
fin de la Historia
y la muerte de las ideologías, nunca el deseo de símbolos y de espiritualidad
se ha manifestado con tal agudeza. Es por ello que hoy, el mercado de las
imágenes ha resultado el gran favorecido de esta situación, habiendo logrado
así conjugar en un solo ámbito, la vida política, el mundo de los negocios y el
espacio religioso.
La consagración y la
perennidad de la imagen del Che, su transformación en símbolo y su proyección
en el espacio imaginario colectivo - y en ello también el Che como producto
mediático se adelantó a su época - fue obra de dos fotógrafos que se
encontraron en el sitio y el momento precisos para fijar la imagen que le daría
cuerpo al mito, gestando así una memoria sin olvido, una manera de existir para
siempre ante los ojos del mundo.
En primer lugar, el cliché
que muestra el rostro revestido por un halo patético, premonitorio de muerte,
realizado por el Cubano Korda, cuando el Che se le introdujo inopinadamente en
el visor de la cámara, en el transcurso de un acto en una tribuna pública en La Habana ; convertido luego en
el célebre cartel que desde hace treinta años recorre el mundo.
Y en segundo término, la
imagen de la muerte en Vallegrande, del boliviano Freddy Alborta que, al
otorgarle la singularidad de un Cristo, realizó la concreción definitiva de un
destino. La paradoja radica en que la imagen de un cadáver suele representar el
fin de una trayectoria; en este caso, significó el comienzo de la inmortalidad:
no siempre mata la muerte, y el Che no lo ignoraba. El martirologio sufrido a
manos de sus captores, con apoyo solícito de la CIA , relegó al olvido sus fracasos y sus ideas
dogmáticas. Lo que se venera hoy, no son sus triunfos ni sus ideas, sino la
sacralización de un itinerario personal. Privó la dimensión del ser ante el
hacer. En ello consiste la paradoja: en una época en que el “ser” tiende a
desaparecer en aras del “hacer”, se impuso su manera de existir. Ese ha sido y
es su mayor triunfo.
Su popularidad se sustentó
al principio en la fantástica escena mediática que significó la Revolución Cubana ,
escenario de proyección mundial desde donde predicó su fe inquebrantable en la
revolución y en la lucha armada; expresión que luego reemplazó por la de
“violencia revolucionaria”. Ernesto Guevara sólo creía en la guerra, la vivía
intensamente y la consideraba como un medio de realización personal; en cuanto
a la política como arte de gobernar, sencillamente la desdeñaba.
Por su estructura mental,
el Che se perfila como un personaje con poca complejidad psicológica; su
discurso es simple, sus ideas no lo son menos. Ninguna sinuosidad viene a
romper la rectitud de la línea que se trazó desde que, tras el desembarco del
Granma, escogiera el fusil en lugar del equipo médico. Su personalidad no posee
la faz secreta, ese lado oscuro que suelen poseer los grandes personajes de la
historia. Contrariamente a Fidel, hombre múltiple, de luces y sombras, el Che
es como la luz de mediodía que aplana los volúmenes y quita todo relieve al
mundo circundante. Preocupado en extremo por el sentido que buscaba darle a su
vida, no se percibía en él una gran preocupación metafísica. Se puede decir que
él optó por encarnar la metafísica; su propio cuerpo fue el mediador directo de
esa búsqueda.
Desde su niñez, a causa de
su enfermedad, mantuvo con el cuerpo y con la muerte una relación de estrecha
complicidad. Ese cuerpo, centro privilegiado de las preocupaciones de su madre,
devino la sede de su escenario privado, generando esa inclinación precoz de
hacer de su vida una auto ficción, terreno feraz en donde fue preparándose el
ámbito propicio al surgimiento del mito. Vivía tan pendiente de sí mismo que
llegó a amoldar lo real a su sistema imaginario, a someter el mundo a su propio
escenario en aras de alcanzar el designio que se había propuesto de antemano, y
cual Cristo, alcanzaría plenamente con su muerte: la inmortalidad. Ensimismado
en su cuerpo, sede de todos sus fantasmas, cada síntoma, cada manifestación
fisiológica la consignaba en los diarios íntimos que, atendiendo a un hábito
precoz, llevó a lo largo de su vida. A las manifestaciones de su cuerpo les
otorgaba la misma alcurnia que a los acontecimientos de alcance histórico; es
una de las singularidades del Diario de Bolivia.
A sus comienzos titubeó
entre ser un médico famoso o actor de cine, o escritor, o metamorfosearse en
hombre de acción; optó por esto último. Se adjudicó el papel de héroe,
investido de una misión salvadora, poniendo su vida al servicio de los otros,
y, como es propio al oficio de héroe, arrogándose el derecho de matar en aras
de la salvación de otros hombres.
Para el Che participar en
los combates significaba un goce y no dudaba en practicar el asesinato ritual;
es una de las facetas de su personalidad que precisamente, ponen de manifiesto
las diferentes biografías recientemente publicadas. “Cuando tenía en la mira
del fusil a un soldado, disparaba sin remordimiento porque sabía que así estaba
contribuyendo a luchar contra la represión y a salvar del hambre a los niños que
estaban por nacer”, dice a su manera de explicación de esa tendencia que nunca
disimuló porque, sencillamente, era incapaz de disimulo. También afirmaba que
el revolucionario debía convertirse en una certera arma de matar.
Su necesidad de sentir la
experiencia del combate cuerpo a cuerpo lo distingue de un verdadero jefe
militar, para quien lo principal es ganar batallas, y no participar
directamente en ellas. Cuando esto sucede es porque las circunstancias así lo
requieren, y cuando es menester fusilar, ordena que lo haga un pelotón
destinado a esos efectos. El Che no dudaba en ejecutar personalmente a
traidores o sospechosos de serlo. En la Sierra Maestra ,
pronto se percató que en tanto extranjero, para alcanzar la legitimidad en el
grupo y establecer la autoridad a la que aspiraba, le era indispensable
afirmarse ante sus compañeros. El rito de paso, en las circunstancias que
impone la guerra, es la infracción colectiva de la ley. Cometer el acto
prohibido por excelencia: el derramamiento de sangre - la secreción humana con
mayor carga sagrada. Se tiende olvidar, y por ello se la idealiza, que la
guerra se hace matando y ese gesto es el ritual que sella entre los hombres la
hermandad más intensa; pacto de causa común que le otorga cohesión al grupo.
Ese reto constante de la
muerte le proporcionó alcanzar la gran obra maestra que fue la suya propia. En
ese enfrentar y dar la muerte, estaba también implícita la misión salvadora de
la que se sentía ungido; misión que le autorizaba a violar el tabú mayor: el matar
por mano propia, prerrogativa de los héroes según las normas que gobiernan su
acción.
No es que ello borre la
carga de culpabilidad que ese acto conlleva; al contrario, la acción del héroe
aparece justificada, al brindarse éste como receptáculo o portador voluntario
de la culpabilidad del acto prohibido que el común de los mortales le delega.
Según Roger Callois, cuando surge en la sociedad la necesidad de vengar un
estado de humillación, la tendencia es la de recurrir a la mediación del héroe;
primer paso hacia el surgimiento del mito: al héroe se le otorga el derecho
superior “no tanto al crimen, como a la culpabilidad por delegación”: carga que
el común de los mortales rehúsa.
El héroe, al asumir la
culpabilidad colectiva, adquiere su condición de mito. El mito es entonces una
creación que responde a una necesidad psicológica y es también un instrumento
de reconocimiento colectivo; ese papel de mediador le confiere también la
calidad de símbolo.
Los mecanismos de la
creación y el funcionamiento de los mitos, no sólo en sus componentes
afectivos, son la clave para desentrañar la paradoja que representa Ernesto
Guevara y su conversión en el Che. Sin embargo, ante todo, es necesario
señalar, volviendo a Roger Callois, que “el mito no es atributo exclusivo de un
héroe” y que se debe distinguir la “mitología de las situaciones y la de los
héroes”.
En el ámbito
latinoamericano y en el internacional, la mitología de la situación que ha
favorecido el surgimiento del mito del Che, se generó en le contexto histórico
de entonces; por ello es necesario volver la mirada a aquel tiempo, volver al
pasado para situarlo en lo que, después de todo fue: un hombre de su tiempo.
En América Latina, tras el
derrocamiento de Arbenz en Guatemala en 1954, el andar de la historia parecía
haberse detenido. Sin embargo dos acontecimientos, casi concomitantes le
imprimen a la historia del continente un ritmo de crucero. En 1958, un
movimiento civil- militar derroca la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en
Venezuela y opta por la instauración de un régimen democrático. Un año más
tarde, en Cuba, un movimiento liderado por Fidel Castro derroca la dictadura de
Fulgencio Batista e instaura una revolución radical.
Esos dos acontecimientos,
que habiendo tomado senderos divergentes, han caminado sin embargo
paralelamente - y por cierto ambos en crisis actualmente - proponiendo dos
modelos del hacer político y social en el continente. A los cuales se suma más
tarde la experiencia chilena de la Unidad Popular que pretendió realizar la síntesis
de ambos: justicia social con democracia.
Ambos demostraron
rápidamente la voluntad de proyectarse en la escena internacional. En
Venezuela, el presidente electo, impulsó la doctrina que lleva su nombre, la
doctrina Betancourt, cuyo objetivo era de favorecer la instauración de
regímenes democráticos en el continente, negándole reconocimiento diplomático a
los gobiernos de facto. Mientras que la Revolución Cubana
decretaba, sin tomar en cuentas ni matices ni circunstancias históricas, una
única vía, la línea de la lucha armada. Su inmenso prestigio entre las nuevas
generaciones, arrastró a muchos jóvenes a sumarse al designio de La Habana. El resultado
fue una generación inmolada; ésta, normalmente destinada a tomar el relevo de
los políticos de viejo cuño sucumbió en el intento. Aquellos que no murieron,
hoy viven la amargura de la derrota. Otros persisten en querer repetir los
mismos errores, sin percatarse de que el conocimiento se forja, no en la
repetición de lo mismo, sino en el intento de otras vías, en las que,
inevitablemente, se cometerán errores, pero serán inéditos, y de allí surgirá
una nueva configuración acorde con los retos actuales. De otra forma, se
persistirá en las acciones mediático-suicidas, tan comunes en nuestro
continente, engrosando así la larga lista de los mártires de la revolución.
Primicias de la vía
armada.
El 27 de enero de 1959, -
lo prematuro de la fecha reviste singular importancia - tuvo lugar un foro
organizado por el PSP (antiguo nombre del partido comunista Cubano) en La Habana. Allí “en el
discurso más importante pronunciado por un líder de la revolución, en el que se
anunciaban las grandes líneas de la política interna y externa de Cuba, - según
apunta su biógrafo americano, Anderson - el Ché diseña los objetivos nacionales
e internacionales de la reciente revolución: democracia armada, reforma
agraria, confiscación y control de los bienes del mercado en manos extranjeras
y un llamado a los países de América Latina para que adoptaran el modelo Cubano
de revolución: “Hemos demostrado que un pequeño grupo de hombres (...)que no
tiene miedo de morir puede vencer a un ejército regular (...) La revolución no
está limitada a la nación Cubana porque ha tocado la conciencia de América”.
Pocos días antes, el 23 de
enero de 1959, en el primer viaje que realizara a un país latinoamericano,
Fidel Castro proclamó, en un discurso pronunciado en la plaza de El Silencio de
Caracas, la guerra de guerrillas continental, pronosticando que, siguiendo el
ejemplo de Cuba, la
Cordillera de los Andes se convertiría en la sierra Maestra
del continente. El Che, por su parte, advierte a los gobiernos que los pueblos
latinoamericanos seguirán el ejemplo de Cuba y en el Primer Congreso de
Juventudes hace un llamado a la juventud latinoamericana, incitándoles a
“contemplar la belleza de la muerte cuando se alcanza mediante el sacrificio
colectivo por la liberación”. “No siempre son necesarias las condiciones para
hacer la revolución, éstas pueden ser creadas por el foco guerrillero”, afirmó
ya en aquella ocasión. Al voluntarismo de las proclamas de lucha, el Che
Guevara inculcó la idealización del campesinado como el motor de esa lucha,
sentando así las bases de la acción guerrillera en el continente. El foco
guerrillero, compuesto por una élite restringida, debía crear las condiciones
para formar el ejército de liberación integrado por campesinos. Poco importaba
que se tratara de un país petrolero en donde los campesinos habían emigrado a
las ciudades, como era el caso de Venezuela; o que los sindicatos campesinos
(surgidos tras una revolución que en 1952 realizó una reforma agraria) hubieran
firmado un pacto militar-campesino como en el caso de Bolivia, en donde tal vez
aquellos que hubieran respondido a su llamado, habrían sido los obreros. Pero
el Che desconfiaba de los sindicatos obreros, considerados por él como pequeño
burgueses preocupados por reivindicaciones saláriales.
En el plano internacional
la combustión en el llamado Tercer Mundo, había llegado al paroxismo: guerras
anticoloniales en el África, guerra de Vietnam, masacres de comunistas en
Indonesia, intervención norteamericana en Santo Domingo etc. contexto poco
propicio al discurso moderado, pero sí las expectativas del Che que preconizaba
el enfrentamiento violento de los débiles contra los países más poderosos.
Contra la supremacía de Estados Unidos, pero también contra la URSS , por faltar a su deber
de internacionalismo con los países oprimidos. Por ello la guerra que intentaba
librar tenia para él un doble objetivo: vencer a la potencia norteamericana,
pero también obligar a los países socialistas a volver a la senda de su
vocación primigenia, rehabilitándose de su traición a los principios.
Al desencadenarse una
situación bélica suficientemente amplia, a la URSS no le quedaría otra opción que la de volver
al redil de la revolución. Que los países socialistas tuvieran intereses de
Estado era algo inadmisible para el Che; su obligación era la de prestar una
ayuda incondicional y a fondo perdido.
La postura de países
asistidos ha calado muy hondo, sobre todo, en el pensamiento de izquierda
latinoamericano. La creencia de que los países poderosos están obligados a
ayudarnos por haber explotado nuestras riquezas naturales, sin que medie la
noción de rentabilidad y menos aún la de trabajo, ha quedado plasmado en el
célebre libro de Eduardo Galeano, las Venas abiertas de América latina:
eficacia, competitividad, son nociones ajenas a esta postura. Hoy, la
configuración de esa reivindicación de pueblos asistidos ha cobrado realidad;
las potencias se han percatado de lo ventajoso que es convertir a los pueblos
en indefinidamente pobres receptores de caridad, encargando a miembros de las
elites nacionales de administrar esa caridad. Así los pobres se mantendrán en
la posición de subalternos, alejados de la noción de ciudadanos con derechos y
deberes, mientras que las elites preservan su estatus de élites. Las ONG son
los vectores del comercio de la caridad que satisface a todos, perennizando así
la dinámica el amo y del esclavo, modelo de funcionamiento de la sociedad que
se instauró tras haberse independizado América Latina de España; para no
remitirme más lejos en la historia.
El atrevimiento del Che de
empuñar las ramas - ese símbolo fálico por excelencia -, de enfrentarse
simultáneamente a los países más poderosos del planeta, generó en América
Latina un sentimiento de rehabilitación nacional a escala continental que
generó una revalorización de la imagen masculina del hombre latinoamericano,
tan maltrecha por el papel subalterno que le he tocado jugar ante la eficiencia
del poderoso Norte pragmático y eficiente.
Mientras que en el
contexto occidental, el mito del Che adquiere vigencia debido a la acción que
ese tipo de representaciones colectivas ejerce sobre los individuos: éstas, al
transformarse en mitos, provocan una suerte de convergencia afectiva,
independientemente de los espacios geográficos y de los parámetros culturales,
hasta llegar a convertirse en la historia de todos; esa historia que forma la
memoria de todos los pueblos. Y en ese orden de ideas no está de más recordar
que los principios que sustentan el mito del Che, sintetizan los valores del
patriarcado. Y ante los síntomas de fragilidad que manifiesta hoy el modelo de
comportamiento masculino; y ante el debilitamiento de puntos de referencia
identitarios masculinos, el mito del Che por su poder como factor de
identificación, aparece como un modelo de referencia que reconforta valores
patriarcales que se han ido paulatinamente, debilitando.
Del aparato simbólico
guevariano ha quedado excluido totalmente lo femenino. Sin madre que acogiera
su cuerpo en el momento de su muerte; sin Verónica que le enjugara el rostro:
sólo queda que el tiempo demuestre el fin d una ilusión.
Tras la muerte del Che los
innumerables intentos de lucha armada que se sucedieron en el continente, y las
diferentes muestras de nostalgia, constituyen la expresión de un duelo que aún
está por hacerse. Lo que demuestra lo poco fieles a las propias enseñanzas de
Ernesto Guevara que son sus admiradores pues se niegan a considerar desde una
perspectiva histórica el episodio guerrillero ocurrido en Bolivia: no era
propio de Ernesto Guevara dejar pasar los acontecimientos sin someterlos antes
a un despiadado análisis.
París, octubre 1996.
Fuente:http://che-guevara.awardspace.com/che_deconstruccion_de_un_mito.htm
Publicado por Redacción
LiberPress en 8:30:00
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Ernesto Guevara de La Serna -
De la Introducción del
Autor: Este libro trata en primer término de la vida de Ernesto Guevara de la Serna desde su niñez hasta
1956. Asimismo, y concediéndole más importancia que a lo puramente biográfico,
bastante conocido por lo demás, se examinan sus posiciones políticas y sus
pensamientos, estos últimos sin una delimitación temporal precisa o
infranqueable.
Respecto de lo primero, no
caben dos enfoques diferentes. La existencia de este personaje fue lo que fue,
y el historiador debe narrarla, hasta donde la conozca, con la mayor exactitud
posible, sin apegarse a mitos, filias o fobias ideológicas. Por supuesto que el
cronista también tiene algún derecho a emitir su parecer sobre esos sucesos;
pero noentremezclándolo con ellos, de modo de confundir al lector.
Muy diversa es la
consideración de las ideas (religiosas, filosóficas, políticas, sociales, etc.)
del protagonista. Acá, además de la exposición, corresponde la crítica; esto
es, manifestar un juicio positivo o negativo acerca del valor de aquellas. Para
lo cual, el autor debe comenzar por fijar sus propios principios básicos, a fin
de que el lector sepa a qué atenerse. Por lo tanto, ya declaramos ser
cristianos- católicos en el plano religioso, seguidores del realismo metódico
3en el campo filosófico, admiradores del pensamiento político clásico nacido en
la tradición europea occidental, y firmes militantes del nacionalismo defensivo
argentino.
Como es evidente, tales
principios no sólo son contrarios, sino exactamente contradictorios con los que
sostuvo Ernesto Guevara de la
Serna , ateo, inmanentista, marxista e internacionalista
definido. Luego, que sirva la presente advertencia de notificación suficiente.
Por manera tal que el lector no se sorprenda al encontrarse con opiniones
adversas a las emanadas del biografiado. Claro está que unas y otras tratarán
de ser expuestas con la correspondiente y respectiva honestidad intelectual
(que no “objetividad”, que sólo cabe ante los hechos).
De aquello no se infiere
que hayamos compuesto una biografía anti-Guevara. No. Más bien se podría decir
que es un estudio crítico o contra-mitología guevariana. Evidentemente, pues,
no será éste un libro más sobre “el Guerrillero Heroico” (denominación acordada
por la hagiografía cubana). Ni -y esto por simples razones temporales- un
relato sobre la muy respetable gestión militar del “Che Comandante”, toda vez
que acá nos despedimos de él en el puerto de Tuxpan, México, cuando se
embarcaba en el “Granma” hacia Cuba.
Entonces, surge una
pregunta evidente: ¿por qué nos ocupamos de una personalidad tan distante de
nuestra cosmovisión?
La respuesta también es
obvia. Porque, contrariando sus ideas igualitaristas, Ernesto Guevara de la Serna fue un hombre entre
mil, fuera de serie, un sujeto excepcional, digno del mejor de los estudios que
se pueda brindar a una figura humana peraltada. Su coraje intachable y su
voluntad acendrada, solos, merecen el más considerado examen.
Una segunda consideración
surge de la eventualidad de haber dado con la que entendemos que es una clave
en la vida del personaje. Aristócrata, aventurero y comunista. Los tres datos,
en diversa proporción, han sido reconocidos por la ingente bibliografía
relacionada con el caso. ¿Entonces: qué? ¿Dónde está la originalidad? En lo
siguiente. En primer término, sostenemos que los dos primeros factores son
hereditarios (la aristocracia, socialmente, desde ambos padres; el
aventurerismo, genéticamente, de sus abuelos paternos). En tanto que el
tercero, el ideológico, también fue recibido en el interior de la familia materna.
Empero, lo más peculiar viene después. El factor aristocrático incide sobre el
ideológico para configurar el “hombre nuevo” (“Haremos el hombre del siglo XXI:
nosotros mismos”). El aventurerismo, por extensión geográfica y conexión
ideológica, deviene en “internacionalismo”. Luego, el marxismo originario,
amalgamado con los otros dos elementos, genera el “guevarismo”, tan peculiar,
que no ha podido ser imitado por ningún émulo. Lo más interesante: que tal
fusión no adviene por mezcla sino por combinación.
Y, por fin, que dicho
combinado es dinámico y se fragua durante el acontecer juvenil del personaje.
Motivo suficiente para fijar los límites temporales de nuestra obra
(1928-1956).
He ahí nuestra tesis. Tal
el análisis que intentaremos. Enrique Díaz Araujo PAG. : 424 Precio: $ 49
Autor: Enrique Díaz Araujo
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El verdadero Che Guevara
CARLOS ALBERTO MONTANER
El Nuevo Herald -25 de
mayo de 1997 -Madrid - A los treinta años de su muerte hay cierta curiosa
urgencia por saber quién fue realmente el Che Gevara, qué ideas se alojaban
bajo su emblemática boina, o cómo era su peculiarísima visión del mundo. De ahí
el aluvión de artículos que inunda la prensa y la media docena de biografías
oportunamente puestas a la venta en todas las librerías del planeta. Es algo
así como la exhumación del cadáver para practicar la autopsia definitiva.
``Chemanía´´, le ha llamado a este fenómeno un periodista cubano. ¿Contribuye
esta Chemanía a la mayor gloria del médico/guerrillero cubano-argentino? No lo
creo. Al Che le iba mejor en los carteles que en los papeles que van apareciendo.
Por un paradójico mecanismo de iconofagia, probablemente sin pretenderlo, el
Che se apropió de la más reconocible imaginería cristiana y la puso al servicio
de su cruzada revolucionaria. Ese es el secreto de la famosa foto de Korda, en
la que aparece un Che vivo y conspirando, con aquella mirada desafiante de
Cristo colérico después de arrojar a los mercaderes del templo, a la que luego
se suma, su imagen final, ya muerto, con el torso desnudo, flaco, acostado en
una mesa, con una expresión extrañamente plácida, como si acabaran de bajarlo
de la cruz para descansar eternamente a la diestra de dios Lenin. Por eso los
humilde campesinos bolivianos de la remota zona en la que lo ajusticiaron se
apresuraron a rezarle y a ponerle flores a la fotografía. Ninguno lo ayudó en
la aventura guerrillera, ninguno se le sumó, cien lo delataron, nadie entendía
aquella rarísima jerigonza marxista-leninista, pero cuando una y otra vez
aparecieron las imágenes en la prensa, funcionaron los viejos mecanismos
reflejo de la idolatría. Dios te salve, Che Guevara. A los pocos meses de su
muerte comenzaron a ponerle velas y a pedirle que le aliviara el dolor de
vientre a la abuela postrada en una cama. Y para mayor inri, hasta desapareció
el cadáver. El juicio histórico ha sido equivocadamente generoso con Guevara.
La `Chemanía´ ignora la crueldad, el dogmatismo, los fracasos del guerrillero.
Con la prosa el asunto se ve desde otra perspectiva. El periodista Jon Lee
Anderson, por ejemplo, acaba de publicar un magnífico tomazo de ochocientas
páginas --Che: a revolutionary life-- absolutamente objetivo, en el que los
abrumadores datos que revela y los testimonios que aporta, incluidos los de los
familiares y amigos del Che, inevitablemente conducen a formular en cualquier
lector imparcial una opinión muy negativa del aventurero argentino. ¿Cómo era
la personalidad del Che? Fue, en esencia, una persona inteligente y amante de
la lectura, a caballo entre el intelectual y el hombre de acción, pero --al
mismo tiempo-- inflexible, rígida, petulante, dogmática, incapaz de admitir
puntos de vista diferentes, siempre dispuesta a despreciar al adversario. De
origen familiar absolutamente burgués, sin embargo le regocijaba escandalizar a
su entorno social. Por su estudiado desaliño --se cambiaba de camisa una vez a
la semana--, de joven mereció el calificativo de ``El Cerdo´´. Odiaba tanto los
convencionalismos, las jerarquías, la estratificación y las normas habituales
de comportamiento que, sin advertirlo, acabó odiando los fundamentos mismos de
la sociedad de su tiempo y se propuso participar activamente en su demolición.
¿Por qué era tan injusto y pernicioso el mundo en el que le había tocado vivir?
¿Por qué había tantos pobres y desheredados de la fortuna? La respuesta la
encontró el Che Guevara en el catecismo de los revolucionarios latinoamericanos
de su tiempo: la culpa la tenían los norteamericanos, el odiado imperialismo, y
sus lacayos y aliados de la burguesía local. Y, naturalmente, cuando tales
creencias encajaron en su peculiar sicología, se mezclaron con algunos
simplistas papeles extraídos de la vulgata marxista, y fueron rematados con la
certeza de que el planeta se movía hacia un radiante destino comunista, la
consecuencia resultó inevitable: el Che devino un convencido estalinista de los
pies a la cabeza. Tanto, que en algunas de sus cartas íntimas no vacila en
firmar ``Stalin II´´. Es cierto que a mediados de los 60, tras sus incursiones
guerrilleras en Africa, el Che terminó por chocar públicamente con la Unión Soviética ,
pero --como se desprende del libro-- ese encontronazo fue por las malas
razones, no por las buenas. Lo que el Che censuraba de Moscú no era la falta de
libertad, ni los gulags, ni la minuciosa irracionalidad económica del sistema
comunista, sino la falta de apoyo decidido a los movimientos revolucionarios
armados. El Che jamás dijo o escribió una palabra de condena al totalitarismo,
y mucho menos cuestionó las supuestas bondades del marxismo. Sus conflictos con
la URSS --o los
que tuvo con Castro-- siempre fueron de orden estratégico, nunca éticos,
político-doctrinales. Era, y fue hasta su muerte, más estalinista que el propio
Stalin. La observación es importante, porque la percepción general de la figura
del Che ha sido mucho más benévola que la que, en verdad, merecía. ¿Por qué ese
juicio extremadamente generoso? También por las malas razones. Porque fue un
hombre valiente dispuesto a morir en defensa de sus creencias, algo que --por
ejemplo-- también podía decirse de Hitler o de Mussolini. O porque fue un
hombre honrado que no aceptó privilegios y siempre estuvo dispuesto al
sacrificio, pero esa coherencia, que siempre es apreciable, sólo puede juzgarse
en relación con los objetivos que se obtienen y con los medios que se utilizan.
La reciente guerra civil en lo que fuera Yugoslavia está llena de ejemplos de
abnegados patriotas serbios que lo sacrificaron todo, incluida la vida, con el
objeto de aniquilar con la mayor saña posible a sus enemigos bosnios. El
``caso´´ del Che debe servir, precisamente, para aprender la más importante
lección moral que jamás deben olvidar los adultos: los juicios éticos sobre la
actuación de las figuras públicas nunca deben formularse sobre las intenciones
que abrigaron, sino sobre los medios empleados y sobre los fines obtenidos.
Lograr un mundo más justo --como el que presumiblemente quería el Che-- podía
ser una aspiración legítima, pero si fundamentó su esfuerzo en el error
intelectual --el marxismo--, si recurrió a la violencia y al crimen para
conseguirlo, y si en el camino contribuyó al establecimiento de una atroz y
empobrecedora dictadura, ninguna persona honesta puede exonerarlo de sus
gravísimas responsabilidades. No fue, simplemente, un profeta fracasado. Fue un
hombre profundamente equivocado que hizo muchísimo daño por defender sus ideas
atrabiliarias. Eso lo prueba este libro fríamente demoledor.
© Firmas Press
Publicado por Redacción
LiberPress en 8:29:00
El desprecio del Che hacia
la raza negra era ponzoñoso y maligno
Una mirada incisiva sobre
Ché
Miguel Iturria Savón
Pero la distorsión de la
biografía y de los hechos que enrolaron a Guevara tropieza ahora con un libro
incisivo de Marcos Bravo, nombre de guerra de Pedro Manuel Rodríguez, quien
luchó en las filas del Movimiento 26 de julio durante la dictadura de Batista y
se opuso después al régimen comunista instaurado por Fidel Castro. La obra de
Bravo es resultado de una larga investigación, cotejos y reflexiones. Se titula
La otra cara del Che. Ernesto Guevara, un sepulcro blanqueado.
Es un texto polémico y
bien escrito de 558 páginas, estructurado en ocho capítulos y un epílogo, lo
cual permite al autor analizar cada una de las etapas vitales del personaje,
sin magnificar su desempeño como hombre, guerrillero o funcionario político y
gubernamental. Fue publicado por la editorial colombiana Solar y apareció en
Bogotá en 2004. En Cuba ha sido prohibido pues desmonta las verdades
encubiertas por los creadores del mito de Ché, a quien Bravo considera como
"el extranjero que más daño ha causado a la nación cubana después del
general español Valeriano Weyler".
Al exponer sus datos, el
autor sacude la leyenda rosa de Ché y devela el rostro oculto de un embaucador,
al que califica de falso economista, falso médico y guerrillero mediocre. Hacer
un paralelo con Fidel Castro, no obstante la contradicción psico-social, de
"riqueza sin clase en el cubano y de clase sin riqueza del
argentino", que deriva en ambos en un conflicto de odio y resentimientos
contra todo lo socialmente establecido.
Guevara, nos apunta
Marcos, nunca se gradúa de médico, ya que no existe una sola entrevista a
ninguno de sus compañeros de curso, ni de sus profesores. Tampoco hay foto
alguna, ni el más mínimo testimonio de su graduación. Y mucho menos el
expediente académico de la supuesta universidad donde debió cursar estudios.
La otra cara del Che, con
precioso detallismo y vigor literario, resalta los aspectos más negativos del
biografiado. Entre ellos, el perenne narcisismo, puesto de relieve en el afán
por ser fotografiado y que lleva al paroxismo en medio del naufragio del
Granma. O de sus condiciones de verdugo desde los primeros momentos de la lucha
en la Sierra ,
al dispararle en la cabeza al traidor Eutimio Guerra, acción que ejecuta sin
pedírsela nadie y que le aporta una mayor consideración de Castro; a quien
aprendió bien temprano a no contradecir -aunque dijera lo más disparatado- y
dejarlo ganar siempre, en cualquier cosa o competencia.
Guevara, resalta el autor,
desconocía la historia de Cuba y el complejo entramado político y social del
país, por lo cual planeó el asalto a los bancos de Santa Clara antes de tomar
la ciudad, en 1958. Adoptó después medidas que afectaron la industria y la
economía insulares. Reitera el afán del biografiado por criticar y ofender a
quienes le rodeaban; su carácter impenetrable de jefe duro e indiferente,
alejado de sus hombres en los campamentos, en los que aseguraba el mate y
llenaba las despensas. Destaca el por qué nombran a Guevara al frente de la
fortaleza La Cabaña ,
sede de la mayoría de los fusilamientos.
Aprecia Bravo que, para la
realidad cubana, la más desatinada e irresponsable de las aventuras de Che fue
su aceptación de la investidura como Presidente del Banco Nacional y, después,
Ministro de Industria; cargo del que fue defenestrado por el propio Castro,
ante la incompetencia y fracaso de su política económica, que lo hace caer en
desgracia; de ahí su designación como delegado de Cuba en la ONU para pronunciar un
discurso en la
Asamblea General. Acto seguido inicia un extenso recorrido
por la Unión Soviética
y por algunos países de África, con el fin de explorar las posibilidades de
acciones revolucionarias.
El autor valora el periplo
de Guevara, su discurso en Argel, donde critica la política de los soviéticos y
les exige que paguen el desarrollo de los países en vía de liberación, lo cual
puso en guardia a la embajada de la
URSS en La
Habana , ante cuyas amenazas económicas se acentúa la
desgracia del argentino. Valora que al regresar a Cuba no recibe cargos
oficiales, hasta que parte, en el más absoluto misterio, al fracaso de la
imposición insurreccional en África; otro descalabro como la guerrilla de
Masseti, orientada por él en Argentina.
La precipitada salida del
Congo lo lleva a Europa, donde es sostenido por el gobierno cubano. De nuevo,
bajo las siete llaves del más recóndito secreto regresa a Cuba. Se entrena con
subordinados escogidos para la última de sus frustradas aventuras: Bolivia.
La imposición de la
guerrilla al país andino desde fuera, sin tener en cuenta las realidades
nacionales y autóctonas trajo confrontaciones y dificultades que fueron
incrementándose gradualmente hasta que Ché se entrega -para salvar la vida- a
los soldados bolivianos que lo seguían, quienes no vacilan en matarlo días
después, lo cual favorece su conversión en paradigma revolucionario.
El escritor precisa al
respecto, que el fusil M-1 con el que Ché se rinde, no es el suyo, sino el de
su compañero, el guerrillero boliviano Willy, con quien lo cambia para
justificar su entrega sin combatir, pues el usado por él, como el de los demás
jefes, era un M-2 en buen estado. Su pistola de 9 milímetros disponía
de todas sus balas al cederla. La herida en la pierna fue un rasguño a sedal
que no le impedía caminar. Y al instante de entregarse dijo: "No disparen,
soy el Che Guevara". No peleó hasta la última bala, como les exigió a sus
subordinados, quienes sí cumplieron el encargo y entregaron sus vidas en pos de
una ilusión imposible y extranjerizante.
Al releer este libro que
circula a hurtadillas en la Isla ,
corroboramos algunas certezas. Quienes crecimos bajo consignas y prometimos ser
como Ché desde el primer grado, ahora disfrutamos una biografía más humana y
veraz sobre el Cid campeador exportado por los pregoneros de nuestro sistema.
La otra cara del Che puede sacudir el hechizo de los seguidores de ese
caballero andante en otras latitudes. Tal vez los argentinos -partidarios del
coronel Juan D. Perón y del comandante Ernesto Guevara- comiencen a cansarse de
tantos héroes y molinos de vientos.
Publicado por Redacción
LiberPress en 8:15:00
Etiquetas:
Ernesto Che Guevara: Mito y Realidad
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