sábado, 6 de noviembre de 2010

ESTUDIANTES HUMILDES MARCAN LA PAUTA Y ORIENTAN EL RUMBO EN LA ARGENTINA

Juan Yáñez
Serie: Los que hacen patria. (ante malos políticos, buenos estudiantes)
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires
                     Cuando cada día hojeamos la prensa estamos ya de antemano preparados para no asombrarnos por nada. Las noticias están suficientemente explícitas en la tinta que impregnó el  papel. Allí está el acontecer de cada día, aquello que merece ser reseñado y a también  informado. Encontramos noticias que palidecen nuestro ánimo, frustran nuestros anhelos y esperanzas. Nos hablan de recortes de presupuesto, de aumentos de tarifas e impuestos, de la degradación del ambiente, de la corrupción y de la cotización del dólar, que cada día devalúa nuestra moneda y nuestro bolsillo. Y no hablemos de política, que incluye la mala praxis evidente de políticos en el desempeño de sus obligaciones y un descaro descomunal en su pretensión de defender lo indefendible.
No solo ellos son los culpables del desbarajuste colosal sino los que los votaron también. Los malos políticos medran en relación proporcional a sus falsas promesas. A nadie estimulan a trabajar o a estudiar. En cambio poco les falta decir que la gente se queden en casa esperando recibir lo que el gobierno les de.
Por supuesto este proceder genera votos que la incapacidad gobernante necesita para perdurar en el poder y en la corrupción.
Sin embargo hay noticias que nos iluminan el alma, nos dan nuevos bríos y nos colman de esperanzas. No todo está perdido en esta Argentina que perdió la brújula hace tiempo.

Hoy precisamente, Clarín publica un reportaje que es un reconocimiento al esfuerzo de unos jóvenes humildes que estudian, trabajan y además algunos de ellos mantienen a sus familias y por supuesto no viven de la vergonzosas dádivas gubernamentales.

Amables amigos lectores, nuestro  Blog se honra en transcribir la reseña  publicada por CLARÍN para dejar un testimonio que sirva como un ejemplo que imitemos, que motive a otros jóvenes a emprender el mismo camino. Asimismo  decirles a estos jóvenes que estamos orgullosos de ellos, que prosigan con el mismo entusiasmo su camino y que  la voluntad de  Dios siempre los acompañe…

CLARÍN    Buenos Aires

Viven de changas y brillan en la facultad

06/11/10
Son alumnos humildes que fueron reconocidos por su esfuerzo. Ayer, la UBA premió a 45.

 ·             “Aprendí a coser para comprar los apuntes”

·                               Historias de voluntad y vocación
                Cuando Lucía empezó a cursar el CBC tenía la panza baja y tirante; faltaban días para que naciera el hijo de un amor escolar efímero. Desde su Merlo de calles de tierra y su casa sin heladera, fue su mamá quien la ayudó a espantar al fantasma del abandono: cada día, llevaba al bebé a la facultad para que Lucía lo amamantara en los recreos. Para Juan Carlos, en cambio, un ex albañil y futuro contador de Villa Fiorito, la ignorancia familiar se convirtió en la materia más delicada. “Eso es para vagos, andá a aprender un oficio, una ecuación no te va a dar de comer”, todavía le reprochan. Pero hay un punto en donde las historias se unen: Lucía está a poco más de un año de terminar la carrera de Filosofía y tiene un promedio que descoloca: 9,42. Juan Carlos sabe que, a diferencia de sus padres y de sus nueve hermanos, en dos años podrá elegir no trabajar más de albañil. Ellos y otros 43 estudiantes becados por la UBA ayer fueron premiados. Decir que se debió a su rendimiento académico a pesar de los palos en la rueda, tal vez sea una obviedad.
La editorial universitaria Eudeba eligió premiarlos en el Centro Cultural Ricardo Rojas sin plata ni trofeos decorativos. Lo hizo de un modo que alguien como Lucía –que aprendió a coser manteles o salió a vender comida para pagarse los apuntes–, sabe cuánto suma: libros, muchos.
Dicen ellos que esas becas que les entregó la Secretaría de Extensión Universitaria de la UBA significan más que el valor económico de $360. Esto es: anular la idea de abandonar y conservar los requisitos que se exigen para su renovación, como ser un alumno regular y mantener el promedio.
Las estadísticas muestran que en los últimos cinco años bajó más de un 30% la cantidad de universitarios de clase baja. La razón (ver “Estudia solo...) se parece mucho a las “ecuaciones que no dan de comer” de los padres de Juan Carlos. Lucía, Juan Carlos y los demás no son una contradicción a esas estadísticas. Son sus sobrevivientes.

“Aprendí a coser para comprar los apuntes”

06/11/10


PROMEDIO 9,42. LUCIA VIAJA 3 HORAS POR DIA PARA LLEGAR A LA FACULTAD. AMAMANTO A SU BEBE EN LOS RECREOS.
“Nunca se me ocurrió flaquear porque sería tirar a la basura el esfuerzo de mucha gente. Quiero mostrarles que valió la pena”, dice Lucía, de 23 años. Y no lo dice con falsa humildad ni como una frase hecha que busca quedar bien parada: “Cuando no tenía beca, un profesor me compraba los apuntes. Yo me moría de vergüenza... otros, cuando veían que yo iba a clase sin los materiales me prestaban sus libros para que pudiera copiarlos a mano y estudiar de ahí”, recuerda. Sabe gracias a quién pudo amamantar a su bebé en los recreos y cuenta cómo su papá –que no había terminado el secundario– decidió que esa chica que había llegado lejos en las Olimpíadas Nacionales de Filosofía tenía que seguir estudiando.
Pero claro, cuando enumera los esfuerzos ajenos, se olvida del propio: de las tres horas de viaje diarias en colectivo y en el tren Sarmiento desde Merlo hasta Puán, de que trabajó hasta una semana antes de tener al bebé, de las changas para poder seguir.
“Después de que nació mi hijo, empecé a vender comida y mi mamá me enseñó a coser. Aprendí a hacer vestidos, manteles, cortinas, tejidos y con eso me pagaba los apuntes. Ahora empecé a hacer desgrabaciones de clases para juntar un poco más de plata”, dice Lucía, que ayer fue premiada junto a otros dos alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras.
“Yo no lo veo como un gran esfuerzo”, dice. “Y tampoco veo mi promedio como algo excepcional”, insiste. Pero el promedio –le faltan nueve materias para graduarse– objetivamente lo es: 9,42.
“Se que muchos miran a los estudiantes de filosofía como vagos, como que nos damos un lujo. Pero yo lo veo como una necesidad: pensar es la única manera de cambiar las cosas”.

“A pesar de todas las vallas, nunca pensé en abandonar mi carrera”

06/11/10
KIOSKERA. “CUANDO SALGO DE LA FACULTAD ME VENGO CORRIENDO AL NEGOCIO. ES EL SOSTEN DEL HOGAR”, DICE NOELIA, HUERFANA, Y FUTURA BIOQUIMICA. ¿PROMEDIO? 7,69.
Trabajar o no, en el caso de Noelia Miguens, no parecía una opción posible. “Mi papá murió cuando tenía 7 años. Y este año, después de haber pasado un mes y medio internada por una enfermedad respiratoria, murió mi mamá”, empieza. Noelia (26) pasaba las noches cuidándola y los días rindiendo finales de Farmacia y Bioquímica.
Ella, su hermana gemela –que tiene un trastorno de la alimentación– y su hermano mayor –que tiene dificultades en la vista producto de una toxoplasmosis–, tuvieron que rearmar la familia sin su principal columna emocional y económica.
El kiosco/almacén que tenía con su hermana en Castelar pasó de ser solo un ‘kiosquito’ a ser parte del sostén del hogar. “Estaba venido abajo y lo levantamos. Cuando salgo de la facultad me voy corriendo a atenderlo”, cuenta. Por su situación de vulnerabilidad social, Noelia –que ya había hecho changuitas para poder bancarse los estudios, como promociones o atención en una pileta de natación–, accedió a una Beca Sarmiento por medio del Programa “Graduados por Más Graduados”, en el que los egresados de la UBA colaboran económicamente para que otros estudiantes también puedan continuar sus estudios.
A pesar de todo, “nunca pensé en dejar mi carrera, jamás. No quiero quedarme solo con un negocio, quiero dedicarme a la investigación”, imagina.
Para eso no falta tanto: si la carrera sigue por estos rieles se graduará en diciembre de 2011. Su promedio no parece el de alguien que debió saltar tantas vallas: 7,69.

“Mi enorme problema es la portación barrio”

06/11/10
EN VILLA FIORITO. “NI MIS PADRES NI MIS 9 HERMANOS TERMINARON LA PRIMARIA”, DICE JUAN , FUTURO CONTADOR.
“A los 19 años empecé a trabajar en la construcción, pero algo me estallaba por dentro. Yo sabía que tenía la capacidad para estudiar pero veía a la universidad como un Dios: lejano, utópico, ridículo. Pensá que ni mi mamá ni mi papá ni mis nueve hermanos terminaron la primaria. ¿Cómo no lo iba a ver lejano?”, pregunta Juan Carlos, desde Villa Fiorito.
Mientras cursó el CBC cumplió con el mandato familiar y trabajó de albañil. “Pero en 2007 hice un mal esfuerzo y se me dislocaron los huesos de la columna y, como trabajaba en negro, me dijeron: ‘no podés laburar más, no venís más”. Juan Carlos, que había hecho cursos intensivos de verano y de invierno en la UBA y que se “quedaba solo estudiando en un aula hasta la medianoche porque en la villa cortaban la luz”, iba a tener que abandonar. “Encima mi familia no ayudaba, al contrario. Para ellos, ‘hacer algo’ es levantar una medianera; piensan que estudio porque no quiero trabajar. Me decían ‘aprendé un oficio, que así se gana la vida. Las ecuaciones no dan de comer”. Hasta que le otorgaron la beca Sarmiento.
Juan Carlos ya tiene 24 años y desde hace 7 vive solo en la pieza de material que alquila en Fiorito. Y aunque a veces volver de la facultad parece imposible –”los colectivos no entran de noche” – le faltan 18 materias para recibirse de contador en la Facultad de Ciencias Económicas. Su 6,33 de promedio, en este contexto, también es brillante.
Ahora su enorme problema es la “portación de barrio”: “Cada vez que me toman una entrevista de trabajo y digo que vivo acá me contestan lo mismo: ‘Cualquier cosa te llamamos”.
Estudia sólo el 20 % de los jóvenes pobres
06/11/10
Una nota publicada por Clarín en octubre mostró la distancia cada vez mayor que existe entre los sectores de menos recursos y su posibilidad de acceder y continuar los estudios universitarios.
El trabajo de la consultora privada EPM, sobre datos comparativos de TGI-IBOPE entre 2005 y 2010, mostró que la cantidad de jóvenes de entre 20 y 25 años que estudian descendió un 15 %. Pero al analizar los porcentajes por nivel socioeconómico se evidenció que en los sectores bajos el descenso fue del 34 % y en los medios, del 18 %. En los altos, en cambio, hubo un aumento del 7 %.
En el promedio del país, estudian 2 de cada diez jóvenes de nivel socioeconómico bajo. La explicación de los especialistas es que muchos priorizan el trabajo para mantenerse porque están atados al presente inmediato.


El símbolo patriótico por excelencia: El pabellón nacional

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